La opinión pública y, en especial, el Partido Demócrata han experimentado una intensa sacudida con la controversia sobre lo que supuestamente habría dicho el senador y aspirante presidencial Bernie Sanders en relación a la posibilidad de que una mujer gane la presidencia de Estados Unidos en 2020.

Según reportes, originados en la cobertura al respecto de CNN, Sanders dijo en diciembre de 2018 a la también senadora y precandidata presidencial demócrata Elizabeth Warren que él no creía que una mujer podría derrotar a Donald Trump.

Esa frase, que Sanders ha negado haber dicho pero que Warren ha indicado que él sí la dijo, ha causado una severa turbulencia en el Partido Demócrata, y sobre todo en su ala progresista de la que ambos son los líderes y representantes mayores. Los medios han aludido mucho a ese diferendo y, al final, dado que la conversación se dio a solas entre ellos, cada persona ha de juzgar a quién da más credibilidad y, además, puede valorar la frase en abstracto o dentro de un contexto específico, como una expresión de sexismo o de las realidades políticas, considerando que, lamentablemente, un profundo sexismo y machismo persisten con severidad en la sociedad estadounidense y eso tiene expresiones políticas y electorales de cierta dimensión (la magnitud de ello, en efecto, es también motivo de debate).

En todo caso, es claro que una mujer sí puede ser electa a la presidencia y derrotar a Trump, quien ha exhibido continuamente conductas cargadas de misoginia, sexismo y machismo.

La noción detrás la supuesta frase de Sanders ha estado, en realidad (y al margen de que él la haya dicho o no), en el ojo del huracán de la política estadounidense por, al menos, más de una década. Apareció en la primaria de 2008 cuando Barack Obama y Hillary Clinton compitieron por la candidatura presidencial demócrata, siguió en 2016 con la contienda primaria entre Clinton y Sanders y con la general entre Clinton y Trump y vuelve ahora, cuando Warren es la precandidata demócrata más fuerte (otras de las que permanecen en la competencia primaria, como la senadora Amy Klobuchar o la representante Tulsi Gabbard, tienen en realidad posibilidades de ganar mínimas e improbables).

Sanders y Warren han sido aliados y amigos por décadas y durante la presente campaña, pero han chocado recientemente, pues la negación de él y la afirmación de ella en relación a lo que él supuestamente le dijo implicaría que uno no está diciendo la verdad. Y ser visto como sexista o manipulando la verdad no sienta bien ni en los precandidatos ni en sus seguidores ni en la opinión pública.

Política y filosóficamente, así, es claro que los demócratas aspiran a mostrar un perfil, una conducta y una comunicación sólidas en cuanto a valores de civilidad, respeto y afán democrático y republicano, tanto por razones éticas como para hacer el contraste con Trump, que se ha mostrado reiteradamente con afanes autoritarios, ofensivos y narcisistas.

Por ello es que el diferendo entre Sanders y Warren tiene ese punzante valor, si bien se ha dicho que la supuesta frase de Sanders, si es que la dijo, debería valorarse en el contexto general de la realidad política nacional y de su carrera, que han mostrado en el primer caso ciertamente una severa dosis de sexismo y en el segundo una trayectoria de apoyo y respeto hacia la mujer en la política.

Otros han querido mostrar que la competencia de Sanders contra Clinton en 2016 mermó a la candidata y que él, ya en la campaña rumbo a la elección general, no habría dado cabal apoyo a Clinton, nociones ambas que son disputables.

Sea como sea, es de reiterar que una mujer sí puede derrotar a Trump en las elecciones de noviembre de 2020, pero el punto es que aún no habría, al menos en los pronósticos más probables y las preferencias presentes, un escenario en el que ello pudiese probarse.

Warren es ciertamente una precandidata de enorme dinamismo, inteligencia y respaldo y tiene elementos para ganar y ejercer exitosamente la presidencia. Pero ella no es la puntera en la primaria demócrata y en realidad está en un tercer puesto, detrás del exvicepresidente Joe Biden y de Sanders. Incluso en el bando progresista, y tras vaivenes en las encuestas y pronósticos, Sanders aventaja a Warren en las preferencias.

Todo ello ciertamente puede cambiar, y algunos afirmarían que cuestionar la posibilidad de que una mujer pueda vencer a Trump es una forma de minar a Warren, del mismo modo que la revelación de lo que supuestamente dijo Sanders lo merma a él.

Así, en la práctica, primero una mujer debe ganar la candidatura demócrata para luego ganarle a Trump. Warren ciertamente puede ganar la candidatura demócrata pero la estadística disponible no le es hasta ahora demasiado propicia.

De acuerdo al promedio de encuestas de RealClearPolitics, a escala nacional Biden es líder con 27.2%, seguido de Sanders con 19.2%, Warren con 16%, Pete Buttigieg con 7.2% y Mike Bloomberg con 6.6%. El resto tiene porcentajes muy reducidos.

Y a escala estatal, en Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Norte, los cuatro primeros estados en realizar primarias, Biden es puntero en todos ellos, según RealClearPolitics, seguido de Sanders en segundo puesto (muy cerca en Iowa y New Hampshire). En esos cuatro estados Warren está en la tercera posición.

Y el pronóstico de FiveThirtyEight para las primarias demócratas coloca también a Biden al frente con un estimado de 1,543 delegados a la Convención (se necesitan 1,990 para lograr la mayoría y la candidatura de modo directo), Sanders le sigue con 1,077 delegados, Warren con 703 y Buttigieg con 492. Todo ello, ciertamente, con base en elementos disponibles hoy y sujetos a cambios conforme avances las votaciones primarias.

Y, al final, incluso esas cifras y, realizadas las primarias, podrían no ser decisivas si ninguno de los aspirantes logra en los caucus y votaciones una mayoría absoluta de los delegados y, en ese caso, la designación del candidato se define en una convención abierta. Allí, los delegados que cada aspirante tenga podrán, a partir de la segunda votación, volcarse en apoyo de otros y acabar inclinando la balanza.

En ese escenario, desde luego, Warren podría ser beneficiada de delegados que no eran inicialmente lo suyo y con ello hacerse de la candidatura como una suerte de punto medio entre el más progresista Sanders y el centrista Biden.

Pero todo ello es aún especulativo y no será sino hasta, presumiblemente, el gran Supermartes electoral de principios del martes 3 de marzo (en el que están en disputa 1,357 delegados) cuando las posiciones quedarán más definidas y, quizá, algunos optarán por dejar la contienda y con ello, modificar el escenario presente.

La senadora Elizabeth Warren tiene definitivamente capacidad para derrotar a Donald Trump y ganar la presidencia, pero actualmente está en tercer puesto entre los aspirantes demócratas, con Joe Biden y Bernie Sanders por delante de ella hasta el momento. Eso podría cambiar. (AP Photo/Patrick Semansky)

La senadora Elizabeth Warren tiene definitivamente capacidad para derrotar a Donald Trump y ganar la presidencia, pero actualmente está en tercer puesto entre los aspirantes demócratas, con Joe Biden y Bernie Sanders por delante de ella hasta el momento. Eso podría cambiar. (AP Photo/Patrick Semansky)

La polémica sobre lo que Sanders habría dicho o no, con todo, no es precisamente benéfico para Warren y ciertamente no lo es para el senador. El ala progresista en general resulta un tanto afectada pues es claro que, al final, los votos o delegados de Sanders y Warren habrán de confluir en una sola candidatura progresista para tratar de lograr la nominación ante los moderados y el centro, Biden y en segundo plano Buttigieg.

El Partido Demócrata se ha corrido en años recientes mucho más hacia la izquierda que lo que se había dado en muchas décadas y su ala progresista, con una enorme y entusiasta participación de jóvenes, es la más dinámica y promotora de las mayores ideas y propuestas de transformación. Sanders y Warren son los líderes de ese movimiento y su confrontación no les es propicia.

Y, en general, dado que el partido está severamente dividido entre la izquierda y el centro, una severa interrogante es si será capaz de consolidar apoyos y tendencias en torno a un candidato o candidata para darle todo el apoyo contra Trump, o si la fragmentación político-ideológica, que es patente, minará esos esfuerzos y los hará vulnerables en las elecciones de noviembre.

Sea mujer o varón quien obtenga la nominación, esa unidad es indispensable para enfrentar a Trump y evitar su reelección, máxime cuando el presidente es una fuerza poderosa, con inmensos recursos económicos, la ventaja indudable de ser el titular en un momento de estabilidad económica, un partido (el Republicano) dócil a sus designios y una base de simpatizantes activa y movilizada.