Turquía descartó el miércoles negociar con los combatientes kurdos en Siria y les exigió que depongan las armas y se retiren de “la zona de seguridad” designada por Ankara, desoyendo así el llamamiento a un alto el fuego realizado por Estados Unidos.

Con el lanzamiento hace una semana de una operación militar contra la milicia de las Unidades de Protección Popular (YPG), Ankara ha transformado las alianzas y convertido el norte de Siria en el nuevo epicentro de una guerra que desgarra al país desde 2011.

Gracias a un acuerdo con las fuerzas kurdas, el régimen sirio de Bashar al Asad ha vuelto a regiones cuyo control había perdido hace años y Rusia, aliado de Damasco, ha llenado el vacío dejado por la retirada de las fuerzas estadounidenses.

En respuesta al ataque turco y a la pasividad occidental, el jefe de las Fuerzas democráticas sirias (FDS) dominadas por los combatientes kurdos, Mazlum Abdi, anunció el miércoles por la noche el “congelamiento” de las operaciones contra el grupo Estado islámico (EI), que pasó a la clandestinidad tras su derrota en marzo.

El presidente estadounidense Donald Trump, que parecía inicialmente dar luz verde a la operación turca, finalmente pidió el fin de la ofensiva y autorizó sanciones contra Turquía.

Trump, que insiste en que no quiere que Estados Unidos eternice su presencia en Siria, volvió a dar una de cal y otra de arena este miércoles, al declarar que los kurdos “no son unos ángeles”, y que el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), considerado organización ilegal en la Unión Europea y Estados Unidos, es “probablemente una mayor amenaza terrorista, en muchos sentidos, que el EI”.

“La decisión del presidente (turco Recep Tayyip) Erdogan no me sorprendió porque él quería hacer eso hace mucho tiempo”, dijo Trump a los periodistas en la Casa Blanca. “Yo no le di luz verde”, añadió.

Trump decidió enviar a Turquía a su vicepresidente Mike Pence y a su secretario de Estado, Mike Pompeo, para reunirse con Erdogan para convencerle de que negocie un alto el fuego.

“Nos dicen que declaremos un alto el fuego. Nunca podremos declarar una tregua” mientras Turquía no haya expulsado a “la organización terrorista” de la frontera, declaró Erdogan refiriéndose a las milicias kurdas.

“Nuestra propuesta es: que ahora, esta noche, todos los terroristas depongan las armas (…) y salgan de la zona de seguridad que hemos designado”, afirmó, en un discurso ante el parlamento.

Erdogan en un primer momento descartó reunirse con Pence, pero luego la presidencia rectificó y aceptó el encuentro.

Erdogan viajará igualmente a Moscú el 22 de octubre para una reunión con su homólogo ruso, Vladimir Putin, que desplegó tropas en el norte de Siria para impedir que haya choques entre turcos y fuerzas del régimen sirio.

Las fuerzas sirias siguen avanzando y anunciaron la ocupación de la ciudad de Kobane, dominada por los kurdos, un lugar simbólico porque fue arrancada al yugo de los yihadistas del EI con el esfuerzo conjunto con la coalición que lideraba Estados Unidos.

Los combates en el norte de Siria siguen causando estragos. Desde la ciudad fronteriza turca de Ceylanpinar se oían el miércoles numerosas explosiones en la localidad de Ras al Aín, donde los combatientes kurdos intentan repeler el asalto de las fuerzas de Ankara, constató la AFP.

– ¡Trato sucio’ –

Mapa del norte de Siria en donde Turquía lanzó una ofensiva contra las posiciones de una milicia kurda, situación al 16 de octubre de 2019

El 9 de octubre, Turquía lanzó la operación “Manantial de Paz” contra las YPG, un grupo respaldado por los países occidentales por su papel desempeñado en la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Ankara considera que esta milicia, principal componente de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una coalición arabokurda, es una “organización terrorista” por sus vínculos con el PKK.

Erdogan ha calificado de “trato sucio” el acuerdo alcanzado entre los kurdos y el régimen de Asad.

El objetivo de la operación turca es la creación de “una zona de seguridad” de 32 km de ancho a lo largo de su frontera para separarla de las áreas bajo control de las YPG y repatriar ahí a parte de los 3,6 millones de refugiados sirios instalados en Turquía.

En siete días han muerto 72 civiles, 185 combatientes de las FDS y 164 militantes proturcos, según el OSDH. Ankara ha informado asimismo de seis soldados muertos en Siria, así como de 20 civiles fallecidos por disparos de cohetes de combatientes kurdos contra ciudades turcas.

La ofensiva ha provocado el éxodo de 160.000 personas en el norte de Siria, según la ONU.

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