Casi una década después de la tragedia, Lory del Santo no había escuchado todavía Tears in heaven. Es una canción dedicada a su hijo. Evitar una de las baladas más populares de la historia del rock (Rolling Stone la coloca en el puesto 362 de las mejores 500 canciones del rock) no es tarea fácil.

El tema otorgó a Eric Clapton, su autor e intérprete, tres Grammy en 1993 (Canción del año, Grabación del año y Mejor interpretación vocal pop masculina) y es uno de los más radiados de la historia. “Una vez, en Ámsterdam, la estaban poniendo en la radio y sonaron los primeros acordes, pero me fui corriendo para no escucharla”, aseguró Del Santo en una entrevista que concedió a la periodista Lisa Sewards en 1999. 

La modelo italiana es la madre de Conor, el niño al que está dedicada la pieza, y Clapton el padre. Aún hoy, el músico se desgarra cada noche en sus conciertos (no ha dejado de interpretarla desde que se editó, en 1992) con estos versos dedicados a su hijo Conor: “¿Sabrías mi nombre si te viese en el cielo? / ¿Sería lo mismo si te viese en el cielo? / Debo ser fuerte, y seguir adelante. / Porque sé que no encajo aquí en el cielo”.

La tragedia que dio como resultado Tears in heaven tuvo lugar una mañana de marzo de 1991. Lory del Santo (Italia, 1958) y Conor habían ido a visitar a Eric Clapton (Reino Unido, 1945) a Nueva York para pasar un tiempo en familia, aunque la pareja ya estaba separada. La modelo italiana y el músico empezaron a verse cuando este aún estaba casado con Pattie Boyd, de quien Clapton se enamoró cuando esta estaba casada con su amigo, el beatleGeorge Harrison. Al poco tiempo, Lory se quedó embarazada -Clapton seguía oficialmente casado con Pattie- y, en 1989, tres años después del nacimiento de Conor, se separaron.

Con este encuentro en Nueva York, Clapton, que estaba poco presente en la vida del niño, se había propuesto fortalecer la relación padre e hijo. El día anterior al fatal desenlace, Eric y Conor estuvieron en el circo de Long Island. Lory lo recuerda como uno de los días más felices en la vida de su hijo.

“Lo pasaron realmente bien. Cuando Eric regresó, me miró y me dijo que por fin entendía lo que significaba tener un hijo y ser padre. Estaba muy feliz. Era la primera vez que Eric había pasado unas horas a solas con nuestro hijo. Conor, por su parte, estaba muy emocionado por el día tan maravilloso que había pasado con su padre”, confesó Del Santo a la periodista Lisa Sewards.

Lory del Santo y Eric Clapton en el funeral de su hijo Conor en la iglesia de Santa María Magdalena, ubicada en Surrey (pueblo de Clapton), en 1991. Foto: Getty

La mañana siguiente, el 20 de marzo, Eric había quedado en ir a buscar a Lory y Conor al apartamento de la calle 57 de Manhattan donde se hospedaban para llevarles al zoo de Central Park.

“Conor jugaba con la niñera mientras yo me preparaba para ir al zoológico. Eran las 11 de la mañana. Le grité desde el baño para que se diera prisa y él me dijo que estaría en un minuto”, recuerda Lory. El conserje del edificio estaba limpiando los ventanales del apartamento y Lory pidió a la niñera que no perdiera de vista al niño, que estaba jugando al escondite y correteando.

La niñera, que jugaba a perseguir al niño, se paró en seco cuando el conserje le advirtió de que había abierto el ventanal. Conor, que no se había enterado de que habían quitado el cristal de la ventana, aprovechó para coger ventaja y salir corriendo en dirección al ventanal.

“Escuché un grito desgarrado que no era de Conor. Era la niñera. Corrí a la habitación gritando de forma histérica: ‘¿Dónde está Conor, dónde está Conor?’. Entonces vi la ventana abierta y comprendí lo que acababa de ocurrir. Sentí que me quedaba sin fuerza y me desmayé”, afirma Lory.

Conor Clapton, de solo cuatro años, se cayó por la ventana de un piso 53. “A las 11.57 Lory llamó por teléfono y gritando dijo: ‘Está muerto’. No sabía de qué me hablaba. Entonces dijo: ‘Se ha caído por la ventana”, explica Eric Clapton en el documental de 2017 sobre su vida, El patrón del blues (disponible en Movistar +).

“Sentí como si saliera de mí mismo, no podía entenderlo, no podía asumirlo. Fui con él hacia el hospital más cercano y me despedí de él. Perdí la fe”, apunta Clapton.

“Empecé a abrir las cartas de condolencia, que eran miles, y entre ellas se coló una de Conor. La había enviado unas semanas antes. Decía: ‘Te quiero, quiero volver a verte. Un beso’. En ese momento me di cuenta de que si podía pasar por aquello sin beber, podría hacer cualquier cosa”, cuenta Clapton en el documental

Tal y como relata Del Santo a Lisa Sewards, la gran tragedia es que Eric Clapton se dio cuenta de todo lo que Conor significaba para él justo el día antes de que su hijo muriera. 

“Conor fue lo primero que me pasó en la vida que realmente me llegó al corazón y me hizo pensar: ‘Es hora de madurar”, recuerda el músico en El patrón del blues. El documental repasa la agitada vida personal del artista británico.

Su adicción a las drogas y al alcohol y una situación familiar digna de inspirar el argumento de una telenovela quien creía que era su madre era en realidad su abuela y a quien consideraba su hermana era su madre- le llevaron a pasar por peligrosos periodos de autodestrucción que minaron muchas de sus relaciones personales. Si algo ha ido asociado a la imagen del músico es un aura de tristeza que alcanzó su máximo exponente con la dolorosa Tears in heaven.

La fatídica mañana de marzo en la que perdieron a su hijo de cuatro años, Lory confiesa que quiso matar al conserje. La madre de Conor le acusa de falta de sentido común por haber quitado los cristales en un apartamento donde correteaba un niño pequeño. “El conserje jamás nos pidió perdón y yo dejé de vivir a partir de ese momento. Cuando Conor cayó, el conserje llamó a la ambulancia, pero obviamente ya no había ninguna esperanza. Eric fue a ver a Conor en la morgue, pero yo no pude”, señala.

Los músicos Phil Collins y George Harrison e incluso la exmujer de Clapton, Patti Boyd, acudieron al funeral de Conor, oficiado en la iglesia de Santa María Magdalena, ubicada en Surrey (pueblo de Clapton).

Lory recuerda esos momentos como irreales. “La gente me apoyó, pero no había nada que pudieran hacer. Durante cuatro años lloré todos los días y actualmente no pasa un día sin que piense, hable o rece por Conor”, afirma la madre del pequeño.

Lory asegura que nunca vio llorar a Clapton. “Cada uno lleva el duelo a su manera. Sé que Eric es una persona muy introspectiva. Nunca hemos hablado sobre lo que le sucedió a Conor. No lo necesitamos porque no hay palabras, y ambos lo sabemos”, explica la italiana.

Nueve meses después de que Conor muriera, Eric Clapton compuso Tears in heaven. Esta canción ayudó al artista a lidiar con el dolor y a superar lo ocurrido. “Estábamos yo y mis pensamientos. Recuerdo que empecé a abrir las cartas de condolencia, que eran miles, y entre ellas se coló una de Conor.

La había enviado unas semanas antes, cuando estaba en Milán con su madre. Decía: ‘Te quiero, quiero volver a verte. Un beso’. En ese momento me di cuenta de que si podía pasar por aquello sin beber, podría hacer cualquier cosa.

Fui consciente de que podía hacer de esa tragedia algo positivo y dediqué mi vida a honrar a mi hijo. Cogí una guitarra española y durante meses la toqué y toqué para intentar afrontar la situación. La música me salvó, se llevó el dolor… Escribí Tears in heaven para mí porque me sentía terriblemente mal”, reconoce Clapton en El patrón del blues. 

La canción ha trascendido el ámbito musical y ha servido para recaudar fondos con fines benéficos. En 2005, por ejemplo, Clapton volvió a grabar el tema en un disco cuyos beneficios se destinaron a ayudar a las víctimas del tsunami que asoló el sudeste asiático en 2004.

Lory encontró su propia fórmula para sobrellevar la muerte de Conor. “Guardé todas las fotos de Conor. Es muy doloroso. Ni siquiera puedo tener una foto suya en casa para recordarle porque me rompe el corazón. Pero, aún sin ver sus fotos, tengo su cara grabada en mi cabeza”, apuntó en 1999, la única entrevista en la que se ha atrevido a hablar con profundidad de su drama.

Unas semanas después del fallecimiento de Conor, Lory del Santo descubrió que estaba embaraza de su segundo hijo. El padre era el empresario italiano Silvio Sardi. El niño, al que llamó Devin, nació dos días después del que hubiera sido el quinto cumpleaños de Conor. En 1999, ocho años después de la muerte de Conor, nació Loren, el tercer hijo de Lory. La italiana, que nunca reveló quién es el padre biológico de Loren, tuvo que enfrentarse de nuevo a la pérdida de un hijo el año pasado.

En agosto de 2018, Loren, de 19 años, se suicidó a causa de la anhedonia que padecía. Lory explicó en varios medios italianos que esta enfermedad impedía a su hijo experimentar placer y cualquier sentimiento en general. “Tenía 19 años. Nació prematuramente a los 6 meses con graves complicaciones y los doctores me dijeron que cada día de su vida sería un regalo. Por eso siempre he estado feliz y he vivido cada día junto a Loren como si fuera el último”, declaró a la revista italiana Chi.

Aquellos que padecen anhedonia, al igual que le sucedía a Loren, tienen dificultades para percibir las cosas buenas de la vida. “Esto se debe a que existe una deficiencia a nivel cerebral de dopamina y serotonina que puede derivar en depresiones severas”, explica a ICON María Hurtado, psicóloga clínica de AGS Psicólogos Madrid.

Eric Clapton durante un concierto en la época en la que compuso ‘Tears in heaven’. Foto: Getty

Por su parte, Eric Clapton, que tal y como él mismo ha confesado apenas pasó dos días sobrio durante los años sesenta, dejó el alcohol definitivamente en 1987 y logró no recaer cuando tuvo que enfrentarse a la muerte de Conor.

“Durante esos primeros años de sobriedad pasé mis mejores momentos en compañía de mi hijo [Conor] y su madre [Lory]”, cuenta en su libro de memorias Clapton (2007). En 2000, el músico comenzó a salir con Melia McEnery (EE.UU., 1976). La pareja se casó en 2002 y continúa unida diecinueve años después. Juntos han tenido tres hijas: Julie Rose (17 años), Ella May (16 años) y Sophie Belle (14 años).

Clapton resume así en su libro sus prioridades: “Si no fuera alcohólico diría que mi familia es la gran prioridad de mi vida. Pero eso es imposible porque sé que lo perdería todo de no colocar la abstinencia en lo alto de la lista”.

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