En una entrevista publicada por el diario español “El País” la autora de ‘Miss Colombia’, uno de los discos más sorprendentes del año, confiesa que tiene la fórmula para revolucionar la música latina: menos ‘jets’ privados, más cultura y más política.

Al otro lado de la fibra óptica, Lido Pimienta nos recibe en su casa de Toronto ataviada con la tiara de flores con que aparece en la portada de Miss Colombia, un álbum que la prensa ha saludado como un milagro en una industria donde lo latino es sinónimo de reguetón. “Este disco llega en un momento para mí de mucha felicidad”, explica sobre este largo que siente como el primero a pesar de ser el tercero. El primero, Color (2010), estaba producido por el que era su marido en aquella época, pero no fue hasta el segundo, La Papessa (2016) cuando Lido tomó el control creativo de su música.

“Desde que empecé llevaba una línea recta que resultó no ser recta, sino curva, y al final he llegado al comienzo”. Nacida en Colombia, emigrada a Canadá muy joven, Lido es artista plástica –trabaja con distintas galerías canadienses–, madre soltera, artista autodidacta y emancipada por necesidad. “Tengo una vida personal muy difícil”, concede. “Pero ahora puedo manejar esa vida personal, ser artista, ser madre y ayudar a otros si doy estos uno, dos, tres pasos.

Así que me siento como la reina que soy, porque soy una reina, soy espectacular, y cuando me lo meto en la cabeza ya está, fluye, fluye”.

Hay algo de esa euforia en un álbum que confiesa escrito bajo la influencia de A seat at the table de Solange (“quería que fuera un himno tras otro”) y cuyo título es ambiguo. “Si le pones I delante, es I Miss Colombia. Y también yo soy Miss Colombia. Es decir, que me hace falta mi país y soy la reina no declarada de mi país”.

Evoca el escándalo de la gala de Miss Universo 2015, cuando el presentador anunció por error que la ganadora del certamen era la representante colombiana, y rectificó para coronar a la candidata filipina. “Con aquello nos salió el clasismo y el racismo que todavía tenemos, porque se piensa que la belleza solo puede ser blanca”, recuerda.

“La gente insultaba al presentador diciendo que era negro y no sabía leer. Y yo llevaba cinco años en Canadá, con mi ciudadanía, y dije ‘no, no, no’. Soy colombiana y no lo soy. Aquí en Toronto soy una reina. Abro la boca y la gente escucha. Pero eso no pasa en mi país. Allí soy la niñita rara esa que canta así como pajarito. Y es porque no suscribo esa colombianidad de la mujer colombiana cuyas tetas son la primera presentación al mundo. No canto papito papito dame dame mamita mamita”.

Lido Pimienta calls Miss Colombia a “cynical love letter” to her home country.

En efecto, no hay ni rastro de Miami –capital del reguetón comercial– en un disco en el que la electrónica y los ritmos tradicionales abrazan melodías saltarinas y letras políticas. Pelo cucu, por ejemplo, habla de racismo capilar, de mujeres que se alisan el pelo incansablemente o aspiran a que sus hijos no tengan el mismo cabello que ellas. Denuncia los tópicos que rodean un negocio, el de la música latina, dominado por blancos. “Los fans de Rosalía me odian”, comenta. “Ella tiene una voz espectacular y obviamente siempre ha querido ser una superestrella.

Tiene una mentalidad de negocio que no todo el mundo tiene. Mi única crítica es que su colaboración con J. Balvin podría haber servido como plataforma a cualquier artista mujer en Sudamérica. Y él, sin embargo, ha elegido a Rosalía, que representa el canon de la mujer latina, pero no es latina. Hablamos la misma lengua, pero ser latina es una experiencia muy diferente. Y el privilegio que tiene Rosalía es su ambigüedad racial o étnica, que le permite ser un día flamenca, r&b al otro y chola al siguiente.

Yo, como Lido Pimienta, con este pelo, con esta cara, con este culo, con esta nariz, yo no puedo decir que soy flamenca [se pone a cantar Ay quién maneja mi barca, de Remedios Amaya]. ¡Yo no puedo! Nadie lo creería, llegarían los del flamenco y dirían con razón que quién se cree esta colombiana. Pero lo hace Rosalía y el mundo entero: latina. Grammy Latino, todo latino, espectacular”.

Tras el terremoto que ha supuesto Miss Colombia, hay quien afirma que Lido Pimienta podría ser firme candidata a más de un premio. “Ahora me dicen que igual me van a dar el Grammy Latino, pero es absurdo, porque para que me den el Grammy Latino Gloria Estefan tiene que saber quién soy. Y no lo sabe”, sentencia.

“Yo no soy la que hace canciones con J Balvin, sino la que se mete en su Instagram y le dice que es idiota. ‘Tú no eres artista, papi, tu eres un entertainer, stay in your lane”, interpreta. “No me da orgullo él, ni Maluma, ni Shakira. Me dan vergüenza. Carlos Vives me parece una farsa”. En dos segundos, Pimienta da candela a los mitos de la música colombiana. “Todos tienen algo en común, y es que no son negros. Maluma es de Medellín y allí hay una comunidad negra muy fuerte con grandes artistas, pero él no lo mezcla. De ahí viene mi crítica. Oyes tupatupatupa, y eso es negro, africano, de calle, pobre, gángster. Ese beat tiene hambre, dio de comer a mucha gente y fue la salida para muchos que vendían droga.

Y así todos. ¿Viste el vídeo?”. Se refiere al de Maluma al comprar su primer jet. “Sale llorando y dice: ‘Los sueños se hacen realidad’, cuando hay gente que no tiene que comer en nuestro país. ¿Me entiendes? Yo a eso digo no, gracias”. Su próximo álbum, anuncia, será “una hipérbole de la belleza, que haga llorar de felicidad. Mi pelea con mi país ya está superada. Que hagan lo que quieran con Colombia, que Maluma se la venda a Elon Musk. Sí, soy inmigrante. ¿Y qué? Ahora soy un espíritu de la belleza”.

EL PAÍS