1 of 2Varios trabajadores preparan un nuevo monumento, llamado la Campana de la Paz, el viernes 17 de julio de 2020, en Managua, Nicaragua. (AP Foto/Alfredo Zúñiga)

MANAGUA (AP) — El gobierno de Daniel Ortega, que por primera vez no celebrará la histórica fecha del 19 de julio con un acto masivo debido a la pandemia del coronavirus, decidió en cambio construir un campanario en el viejo centro de Managua.

La llamada “Campana de la paz” es el nuevo símbolo de los sandinistas erigido en la ciudad. Forjada en bronce y con un peso de 3,4 toneladas, se ubica en la cúspide de una rústica torre de cemento de 17 metros de altura coronada por un mirador al que se accede por una escalera interior.

Obreros de la alcaldía de Managua trabajaron a toda velocidad durante dos meses para tener listo lo que la vicepresidenta y esposa de Ortega, Rosario Murillo, ha llamado “un monumento a la paz”.

Aunque la inauguración se había anunciado para el viernes por la tarde, el acto no se realizó y los obreros continuaban trabajando en la obra.

Se trata de un homenaje “a la paz, el amor, familia, comunidad, luchas y victorias, priorizando siempre la paz y la vida que van a ser todo el tiempo recordadas y estarán presentes a través del repique hermosísimo de esta campana”, dijo Murillo a la televisión estatal.

En una de las pocas señales de que Ortega estaría tomando más en serio la pandemia del COVID-19, esta será la primera vez en 41 años que multitudes no se reunirán para recordar la caída del dictador Anastasio Somoza. En su lugar, se había programado que la campana repicara por primera vez el viernes, y el sábado en la noche se llevará a cabo un concierto virtual a ser transmitido por televisión.

“Eso no le resta entusiasmo a nuestros corazones, todo lo contrario, hacemos lo que tenemos que hacer y como lo podemos hacer en estas circunstancias”, argumentó la vicepresidenta.

Hasta ahora el gobierno había minimizado la gravedad del coronavirus, fomentando eventos masivos mientras los expertos pedían distanciamiento social. Las organizaciones internacionales de salud le han insistido a Ortega que tome medidas preventivas, ya que la enfermedad se está extendiendo en el país y se realizan “entierros exprés”.

Hasta el viernes Nicaragua ha reportado 3.147 casos del coronavirus y 99 fallecidos, una cifra sensiblemente inferior a la de sus países vecinos y que muchos expertos atribuyen a la falta de pruebas y de reportes fehacientes de contagios.

La “Campana de la paz” se ubica en el centro histórico de Managua, a dos cuadras de la Plaza de la Revolución y de la antigua catedral, en desuso desde 1972, cuando un violento terremoto la destruyó.

Murillo explicó que la campana repicará todos los días cada 30 y 60 minutos desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche. También tocará el Ángelus a las 6, 12 y 18 horas, dijo la vicepresidenta, que cada mediodía suele elevar vehementes plegarias a Dios en sus declaraciones a medios oficiales.

Todo está lleno de simbolismos: el campanario se inaugura en el llamado “Día de la Alegría”, cuando se recuerda la huida de Somoza el 17 de julio de 1979, derrocado por la guerrilla sandinista, que tomó el poder dos días después. Y la “primera piedra” de la obra fue puesta el 18 de mayo, natalicio del patriota nacionalista Augusto C. Sandino (1895-1934) que luchó contra una intervención militar de Estados Unidos y fue fusilado por orden de Somoza.

Como detalle adicional, Murillo dispuso que el famoso lema del general Sandino, “Siempre más allá”, con el que ella rubrica sus comunicados de prensa, esté grabado en la enorme campana.

El monumento se ubica sobre una avenida que Ortega rebautizó “de Bolívar a Chávez” en homenaje a su amigo, el expresidente venezolano Hugo Chávez, fallecido en 2013. Chávez firmó un acuerdo con Ortega en 2007 para proveerle crudo a precios preferenciales y con facilidades de pago.

El sitio donde se construyó la torre tampoco fue elegido al azar. La campana repicará frente al denominado “Monumento al combatiente popular”, una mole de hierro de nueve metros asentada sobre una base de cemento, inaugurado en 1985 durante el primer gobierno de Ortega.

A la poco agraciada estatua se la conoce popularmente como “Hulk” por su parecido con el personaje de la popular serie de televisión estadounidense de la década de 1970. Su autor ganó el “premio nacional de escultura” en un certamen de artes plásticas.

El “Monumento al combatiente popular” también fue develado un 17 de julio y desde entonces ha permanecido allí, aunque a principios de la década de 1990 fue objeto de un atentado con explosivos que no logró derribarlo.

Desde el retorno de Ortega al poder en 2007 su esposa se ha encargado de decorar la capital. En 2013 ordenó construir unos 140 “Árboles de la vida”, unas inmensas estructuras de hierro con luces de colores instaladas en Managua y otros puntos del país.

Decenas de ellas fueron derribadas por manifestantes durante la revuelta social que estalló en abril de 2018 con protestas estudiantiles en rechazo a una reforma del seguro social. La represión de policías y paramilitares sandinistas dejó al menos 328 muertos, más de 2.000 heridos, cientos de detenidos y unos 88.000 emigrados y exiliados, de acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Según documentos de la alcaldía capitalina, la campana fue construida como parte de un plan de reconstrucción municipal valuado en unos 855.000 dólares.

“Es un proyecto de nuestro gobierno que complementa todo el esfuerzo de remozamiento, reconstrucción y relanzamiento del casco histórico de Managua”, indicó Fidel Moreno, secretario general de la comuna.

Sin embargo, algunos capitalinos ven al campanario como un nuevo “capricho” de Murillo, y concejales de Managua aseguran que no fue incluido en los planes de la alcaldía para 2020.

“El Consejo Municipal en ningún momento registra este proyecto entre los 286 aprobados para este año”, dijo a la televisión local el concejal opositor Sellin Figueroa.

“No sabemos quién dio la orden de construir este campanario, que no existe en el plan de inversión anual municipal ni en el presupuesto general de la república. Es más un capricho, un símbolo de la ilegalidad y el abuso de autoridad de esta administración”, agregó Figueroa.

Juan Carlos Larios, un técnico en computación nacido en un barrio del suroeste de Managua, lamentó la construcción del nuevo monumento.

“Lo considero una irresponsabilidad total en las condiciones de pobreza que vive Nicaragua y frente a esta pandemia”, dijo a The Associated Press.

“Pienso que no había necesidad de hacer ese campanario, esos millones… se deberían ocupar para atender a las personas afectadas por el coronavirus”, agregó.