El líder máximo de FARC, Rodrigo Londoño, se disculpó este viernes con España ante el “enérgico rechazo” que expresó la embajada de ese país por la aparición de un símbolo del extinto grupo separatista vasco ETA en un acto de la ex guerrilla colombiana.

Más temprano, a través de una carta, el embajador Pablo Gómez se había quejado con Londoño por lo que consideró “manifestaciones de apoyo a ETA” en un acto organizado en la sede de la FARC en Bogotá en respaldo a Jesús Santrich, un excomandante rebelde excarcelado el jueves.

Asomado a un balcón, se vio junto a Santrich a un simpatizante que portaba una camiseta con el emblema de ETA mientras sostenía una bandera con la rosa roja de la Fuerza Alternativa Revolucionaria de Colombia (FARC).

“Nuestras banderas son las banderas de la paz y la reconciliación. Si alguno individualmente ha sacado otro símbolo que no nos interpreta es su responsabilidad (…) Mis disculpas si esto le ha generado alguna dificultad, señor embajador”, señaló Londoño en un video difundido a través de sus redes sociales.

Para el embajador español, el símbolo de ETA “hiere la sensibilidad de las víctimas del terrorismo y asocia al partido político (FARC) con un grupo terrorista de infausta memoria”, según escribió en su misiva de reclamo.

La vicepresidenta Marta Lucía Ramírez dijo en un tuit que el gobierno colombiano se sumaba al rechazo por “la promoción y apología efectuada a favor del grupo terrorista ETA en la reunión en la sede del partido Farc”.

Surgido en 1959 bajo la dictadura de Francisco Franco, ETA protagonizó mas de 40 años de violencia por la independencia del País Vasco y Navarra que dejaron al menos 853 víctimas mortales.

Acorralado por la presión policial en España y Francia, en octubre de 2011 anunció el fin de la lucha armada y acabó disolviéndose en mayo de 2018.

El incidente agregó más polémica a la liberación del exjefe guerrillero, quien salió de la cárcel por orden de la Corte Suprema pese a un pedido de extradición de Estados Unidos bajo sospecha de haber planeado un envío de cocaína después de que depuso las armas.

Colombia firmó un histórico pacto con la entonces guerrilla comunista en 2016 que condujo al desarme de unos 7.000 combatientes y les permitió su participación política a cambio de contar la verdad del conflicto y reparar a sus cientos de miles de víctimas.

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