El estado brasileño de Amazonas (norte) impuso fuertes restricciones a la navegación, su principal medio de transporte, para contener el avance del nuevo coronavirus tanto en su polo industrial como entre poblaciones indígenas particularmente vulnerables.

En canoas, barcos a diésel (sucesores de los navíos a vapor del siglo XIX) o lanchas más o menos modernas, la navegación es vital para el transporte de mercancías y personas entre aldeas, ciudades y comunidades de este estado de 1,5 millones de km2 (una superficie mayor que las de Perú y Ecuador juntos), donde la covid-19 dejó hasta el lunes 532 enfermos y 19 muertos (de un total de 12.056 casos y 553 muertos en Brasil).

“El transporte de cargas [insumos, medicamentos y alimentos] no fue alterado, pero sí el de pasajeros, que quedó restringido a excepciones, como emergencias médicas y servicios esenciales de bomberos, policía, iluminación pública, telefonía”, explica a la AFP desde Manaos, la capital de Amazonas, Jerfeson Caldas, coordinador de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) para la Región Norte de Brasil.

En esos casos excepcionales, los barcos solo pueden zarpar con el 40% de su capacidad y deben asegurar una distancia de al menos 2 metros entre las redes instaladas en las cubiertas para los pasajeros y proveerles agua, jabón y alcohol en gel.

Las medidas buscan frenar la propagación de la pandemia en un estado que, de acuerdo con el Ministerio brasileño de Salud, exige especial atención pues alberga la Zona Franca de Manaos -con empresas y personas de varias partes del mundo- y tiene una población indígena numerosa, muy vulnerable a este tipo de virus.

Pero las restricciones aíslan a muchas localidades, que no tienen otro medio para llegar a la ciudad.

“Faltan carreteras. Al contrario de lo que sucede en otras regiones de Brasil, en Amazonas el 85% del transporte de cargas y pasajeros se realiza por vía fluvial. Vivimos una triste realidad a causa de esta crisis del coronavirus”, explica Alessandra Martins Pontes, especialista en planificación de transporte de la Universidad Federal de Amazonas (UFAM).

“La navegación llega a los lugares más distantes y aislados del norte del país”, añade la especialista, miembro de la Marina Mercante y expresidenta de la Asociación de Armadores del Transporte de Cargas y Pasajeros de Amazonas (Atrac).

Una semana a bordo

Los barcos más utilizados son los llamados “regionales”, de varios pisos y capacidad para cientos de personas.

Allí, los pasajeros conviven en viajes que pueden durar días, según el trayecto y el nivel de los ríos.

El viaje entre Manaos y Carauari (de casi 800 km), más al oeste, puede durar una semana. La embarcación tiene baños y cocinas y los pasajeros duermen en hamacas (redes) suspendidas en fila.

Con las restricciones, todas las actividades se resintieron.

“La logística quedó bastante limitada. No podemos llegar a las unidades de conservación” en la región de Medio Yuruá, un afluente del río Amazonas, explica a la AFP Edervan Vieira, asesor técnico de la Asociación de Productores Rurales de Carauari.

De la tierra a la mesa

Unos barcos amarrados en el río Jurura en Carauari, en el estado brasileño de Amazonas, el 14 de marzo de 2020

Unos barcos amarrados en el río Jurura en Carauari, en el estado brasileño de Amazonas, el 14 de marzo de 2020© AFP/Archivos Florence Goisnard

En Carauari hasta ahora no hay casos confirmados de covid-19, pero Vieira ya percibe un “impacto en la retirada de la producción de las familias ribereñas que viven de la recolección”.

Sin embargo, cree que la situación se normalizará en breve y afirma que los lugareños van a sufrir menos que los habitantes de los grandes centros urbanos, donde la densidad demográfica es mayor y facilita el contagio.

“Hasta ahora, las poblaciones ribereñas están tranquilas en relación a la covid-19. Todavía no se muestran preocupadas por el desabastecimiento, porque producen el 80% de su alimentación en sus propias comunidades. Retiran el alimento directamente de la naturaleza o lo producen ellos mismos”, explica Enoque Ventura, supervisor de proyectos de la ONG Fundación Amazonas Sustentable (FAS) en comunidades de la región.

Para Maria Cunha, una técnica en agricultura sustentable de 26 años, la principal preocupación es que surjan motivos para ir a la ciudad.

“Ir allí es el gran riesgo. Aquí consideramos que estamos protegidos”, dijo a la AFP por teléfono.

Frutas, pescado, harina: lo esencial lo obtienen de la tierra. Pero si el aislamiento dura mucho tiempo, “los productores rurales no tendrán cómo abastecer la cantina”, donde los habitantes de la región complementan su alacena.