Bogotá, 16 jun (EFE).- La hidroxicloroquina, un medicamento utilizado desde hace décadas en enfermos de malaria y de afecciones reumáticas, se ha convertido en uno de los tratamientos contra la COVID-19 más utilizados, y más publicitados por algunos líderes políticos.

La publicación de estudios científicos con diferentes resultados y los vaivenes de las autoridades sanitarias respecto a la prescripción de este medicamento han creado confusión en torno a su uso: ¿es realmente eficaz frente al nuevo coronavirus?

Por el momento, no hay pruebas de que ni la hidroxicloroquina ni ningún otro de los fármacos que se están probando contra la enfermedad reduzca la mortalidad en los pacientes infectados.

ESTUDIOS CONTRADICTORIOS Y POCO CONCLUYENTES

La mayoría de los estudios publicados no avalan la eficacia del antimalárico para tratar a los enfermos de COVID-19, bien porque sus resultados son poco concluyentes o porque no han demostrado una reducción de la mortalidad.

La primera investigación relevante sobre la eficacia de la hidroxicloroquina para tratar la COVID-19, publicado el pasado 20 de marzo, fue realizada en Francia y arrojó resultados prometedores: de una muestra de 36 pacientes tratados con este antipalúdico combinado con la azitromicina, veinte eliminaron el virus.

Sin embargo, el propio artículo reconoce sus limitaciones por el reducido tamaño de la muestra, agravado por la retirada de seis pacientes durante el estudio, y la necesidad de estudiar los efectos durante más tiempo.

Dos meses después, la revista científica The Lancet publicó otro estudio que sugiere que el tratamiento con hidroxicloroquina o su análogo cloroquina no solo no produce mejoras en los pacientes con COVID-19, sino que aumenta su probabilidad de morir.

“El uso de un tratamiento que contenga hidroxicloroquina o cloroquina (..) no está asociado con una evidencia de beneficio, sino con un aumento en el riesgo de arritmias ventriculares y un mayor riesgo de muerte hospitalaria con COVID-19”, recoge el texto.

Realizado por investigadores de Estados Unidos y Suiza, este estudio analiza datos de casi 15.000 pacientes en 600 hospitales que recibieron alguno de los dos medicamentos, y de otros 81.000 pacientes.

Sin embargo, una semana más tarde, la publicación británica retractó el artículo al no poder garantizar la veracidad de los datos empleados, especialmente de los proporcionados por la compañía estadounidense Surgisphere Corporation.

En las últimas semanas se ha publicado una nueva investigación, publicada por la revista New England Journal of Medicine, con un resultado similar: tomar hidroxicloroquina no protege frente al nuevo coronavirus.

UN MEDICAMENTO MUY POLITIZADO

Si la hidroxicloroquina se ha convertido en un medicamento popular entre la opinión pública no ha sido solo por estos ensayos, sino también por la publicidad que le han hecho personalidades como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Tras haberse referido en múltiples ocasiones a este fármaco como un posible tratamiento para la COVID-19, el mandatario llegó a afirmar que él mismo estaba tomando el medicamento, pese a no estar enfermo.

“Creo que da un nivel adicional de seguridad, pero pueden preguntar a muchos doctores, a los trabajadores que están en primera línea, muchos no irán sin la hidroxicloroquina”, dijo en mayo pasado.

En esas mismas fechas, cuando Brasil era ya el segundo país del mundo con más casos de COVID-19, su presidente, Jair Bolsonaro, impulsó un protocolo que amparaba el uso de la cloroquina y la hidroxicloroquina en casos leves, en lugar de reservarlo solo para casos clínicos, como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Aún no existe comprobación científica, pero está siendo experimentada y usada en Brasil y en todo el mundo. De todas formas: estamos en guerra” y “peor que ser derrotado es la vergüenza de no haber luchado”, resaltó Bolsonaro en su cuenta de Twitter.

También el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, aseguró a finales de mayo que tomaba hidroxicloroquina como medida de prevención frente al nuevo coronavirus.

“Yo lo voy a seguir usando, la gente que lo quiera utilizar, lo puede utilizar como profilaxis”, dijo el mandatario salvadoreño en una conferencia de prensa.

Las declaraciones de líderes mundiales a favor del fármaco han hecho que el antimalárico se haya agotado y generado complicaciones para el tratamiento de pacientes con lupus o artritis.

Así lo advirtió la Alianza Global de Reumatología para la COVID-19, una red de reumatólogos y pacientes que surgió en medio de la pandemia, mientras las denuncias de pacientes con enfermedades como el lupus que no podían adquirir el fármaco saltaban a las redes sociales y a WhatsApp.

Pese a estas advertencias, los antipalúdicos y su derivados continúan usándose en EE.UU., incluso sin precauciones y provocando casos como el de un hombre de 65 años que murió en Arizona después de ingerir fosfato de cloroquina, un químico que no estaba diseñado para el consumo de los seres humanos sino para limpiar acuarios.

LOS VAIVENES DE LAS AUTORIDADES SANITARIAS

A medida que la pandemia ha ido evolucionando, las autoridades sanitarias internacionales y nacionales han tomado decisiones cambiantes en función de los resultados científicos sobre la eficacia de la hidroxicloroquina.

Estos vaivenes, incluso, han llevado a la OMS a pedir perdón a la opinión pública por la actual confusión respecto al uso de este antibiótico.

“Nos disculpamos colectivamente por la imagen de confusión que los estudios pueden dar, pero hay que seguir las evidencias científicas y asegurarse de que las personas que entran en estos ensayos clínicos lo hacen de una forma segura”, destacó el director de Emergencias Sanitarias de la OMS, Mike Ryan, hace una semana.

La OMS había presentado en marzo “Solidaridad”, el mayor ensayo clínico en la búsqueda de un tratamiento eficaz contra el nuevo coronavirus, en el que hasta el momento participan de forma voluntaria 3.500 pacientes en 35 países.

La hidroxicloroquina es uno de los medicamentos en estudio, junto al antiviral remdesivir (normalmente usado contra el ébola), el lopinavir y ritonavir (utilizados en portadores de VIH) y el interferon beta (contra la esclerosis múltiple).

Sin embargo, la organización suspendió de manera temporal los ensayos con hidroxicloroquina enmarcados en “Solidaridad”, tras publicarse el estudio de The Lancet, que alertó del riesgo de muerte mayor en los pacientes tratados con este medicamento.

Y cuando, poco después, tres de los cuatro autores del artículo decidieron retractarse por el origen dudoso de los datos científicos empleados, la OMS volvió a reanudar las investigaciones con el antimalárico.

La directora general adjunta de la OMS, Soumya Swaminathan, recordó el pasado día 3 de junio que todavía no se ha encontrado evidencia de que los fármacos que se están probando reduzcan la mortalidad por COVID-19.

Estados Unidos ha sido uno de los países donde más se ha popularizado la hidroxicloroquina durante la pandemia. En marzo, la Administración de Alimentos y Fármacos de ese país (FDA, por sus siglas en inglés) autorizó el uso de urgencia de la cloroquina y la hidroxicloroquina en pacientes hospitalizados y en los que participaran en ensayos clínicos.

Sin embargo, tras la publicación de informes que cuestionaban la eficacia del antimalárico, la FDA revocó su autorización en junio. Pese a ello, Trump anunció que enviará más dosis a Brasil y otros países.

“Sí, lo ha pedido (Brasil) y vamos a mandarla. Yo no me puedo quejar, la tomé durante dos semanas y aquí estamos”, dijo el presidente.

Perú, otro de los países con más casos de COVID-19, mantiene el tratamiento ambulatorio temprano con hidroxicloroquina y el antiparasitario ivermectina como “una alternativa seria y segura” para los pacientes afectados por el coronavirus.

En Europa, países como Francia, Bélgica e Italia prohibieron a finales de mayo el uso del fármaco para tratar a los enfermos de coronavirus, mientras que Portugal lo desaconsejó.

En España se mantiene su uso en pacientes con COVID-19 y en ensayos clínicos contra la enfermedad, y se recomienda además no interrumpir el tratamiento de pacientes crónicos de otras enfermedades.

La Agencia Española del Medicamento (AEMPS) recuerda, no obstante, que la eficacia de la cloroquina e hidroxicloroquina está todavía en estudio y “se considera, por tanto, que el nivel de evidencia todavía es bajo”.

(c) Agencia EFE