El gobierno y la oposición de Venezuela acordaron establecer una mesa de trabajo permanente para intentar resolver la crisis política, sin perspectivas por ahora de una nueva elección presidencial, el objetivo al que apuntan los adversarios de Nicolás Maduro.

Los delegados oficialistas y del líder opositor Juan Guaidó -reconocido como mandatario encargado por medio centenar de países- culminaron así tres días de diálogos en Barbados, bajo la mediación de Noruega, que auspicia una solución negociada desde mediados de mayo.

“Se desarrolló una intensa jornada de trabajo con los seis puntos que se acordaron con el gobierno de Noruega y las oposiciones”, dijo Maduro este jueves en una cadena obligatoria de radio y televisión, sin revelar los temas.

Previamente, el ministerio noruego de Asuntos Exteriores anunció en un comunicado la instalación de “una mesa que trabajará de manera continua y expedita, con el fin de llegar a una solución acordada”.

“Está previsto que las partes realicen consultas para poder avanzar en la negociación”, añadió el texto, sin detallar fechas de nuevos encuentros.

El gobierno europeo les pidió a oficialistas y opositores tomar la “máxima precaución en sus comentarios y declaraciones respecto al proceso”.

Junto a Maduro, Héctor Rodríguez, negociador del gobierno, anticipó un “camino complejo”, pero que podría llevar a un “acuerdo de convivencia democrática” y de “gobernabilidad” donde ambas facciones se reconozcan.

Por su parte, el representante de Guaidó Stalin González afirmó en Twitter que los venezolanos necesitan “respuestas y resultados”, y anunció que su delegación “hará consultas para avanzar y poner fin al sufrimiento”.

“Creo que la negociación va bien para el gobierno porque quizá el tema electoral no sea prioridad”, comentó a AFP el politólogo Ricardo Sucre.

Elecciones, improbables

Guaidó es enfático en que el diálogo debe conducir a la salida de Maduro para establecer un “gobierno de transición” y convocar a nuevos comicios, pues considera que la reelección del gobernante socialista en 2018 fue fraudulenta.

Pero mientras finalizaba la cita en la isla caribeña, el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, negó que el gobierno esté discutiendo con la oposición una salida electoral.

“Para su fórmula original, Guaidó necesitaba tener la fuerza y no la tuvo. No sé qué fuerza pueda tener el interinato. Debería haber pedido sus elecciones desde el principio. Si no lo pudo hacer en enero, no creo que lo logre ahora”, apuntó Sucre.

Las partes iniciaron los acercamientos tras fracasar una rebelión militar contra Maduro liderada por Guaidó, quien adujo un vacío de poder en enero para autoproclamarse presidente en su condición de líder del Parlamento.

Maduro, quien pese a la grave crisis económica ha logrado mantenerse al frente del gobierno con apoyo de la Fuerza Armada, descarta abandonar el poder.

Durante su mandato iniciado en 2013, el país con las mayores reservas petroleras cayó en la peor crisis económica de su historia moderna, lo que ha empujado a cuatro millones de venezolanos a emigrar desde 2015, según la ONU.

“Nadie puede garantizar que las negociaciones serán exitosas. El camino es enredado, tortuoso y peligroso. Lo que está claro es que la otra vía de ‘salida radical’, sin estructura, ni organización, ni armas, ni relación (apoyo) militar, ni intervención, es claramente imposible”, opinó este jueves el analista Luis Vicente León.

Que salga Maduro

Al coro de quienes piden la salida de Maduro como un primer paso para solucionar el conflicto, se sumó este jueves la Iglesia católica.

“Venezuela clama a gritos un cambio de rumbo (…). Ese cambio exige la salida de quien ejerce el poder de forma ilegítima y la elección en el menor tiempo posible de un nuevo presidente”, señaló la Conferencia Episcopal en una declaración leída al inicio de una asamblea ordinaria.

Mientras, Estados Unidos, principal apoyo diplomático de Guaidó que no descarta una acción armada para expulsar a Maduro, incluyó este jueves a la contrainteligencia militar venezolana en su lista de sancionados.

Lo hizo en represalia por la muerte del capitán de la Armada Rafael Acosta, quien falleció el 29 de junio mientras se encontraba retenido por ese organismo acusado de participar en un supuesto plan para asesinar a Maduro.

Según ONG de derechos humanos, Acosta murió torturado.

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