Triunfar en grande, ser acusada, luego arrestada, más tarde liberada, y luego volver a triunfar en grande… Eso es, en resumen, lo que le ocurrió a la cantante Gloria Trevi, quien tras una larga pausa marcada por problemas personales y legales, regresó a los escenarios para nunca más dejarlos.

La intérprete ha presentado su más reciente álbum, titulado ‘Diosa de la noche’, un tributo al alma femenina. “Las mujeres de ahora no caducamos”, dijo. Y ella sería el mejor ejemplo. Después de todo, ¿qué cantante mexicana de 51 años sigue vigente en las radios juveniles y abarrotando escenarios?

De hecho, la revista ‘Rolling Stone’ le dio el halago de su vida cuando la calificó como ‘La Madonna mexicana’. Y es que, si algo ha sabido hacer Trevi, es reinventarse. Si es tiempo de hablar de diversidad sexual, lo hace (‘Todos me miran’); si es momento de reivindicación femenina, lo hace (‘Cinco minutos’); si hay que tirarse al piso a llorar, también lo hace (‘No querías lastimarme’); y si lo que suena es reguetón, también se adapta (‘Dímelo al revés’).

Y lo ha hecho desde el principio. En su primera etapa musical, irrumpió en la escena con temas como ‘Doctor psiquiatra’, ‘Pelo suelto’ o ‘Tu ángel de la guarda’, con letras muy alejadas de la clásica balada mexicana que por aquella época se escuchaba (más que una buena cantante, Gloria es una hábil compositora), con canciones que quizá ahora serían censuradas por hablar del aborto (‘Chica embarazada’), la violación (‘Me siento tan sola’) o incluso el suicidio (‘Si me llevas contigo’).

El recuento de los daños

Sin embargo, detrás de esa imagen de mujer independiente y libre que vendía, estaba un señalamiento por corrupción y abuso de menores. Las acusaciones comenzaron en 1998, cuando Aline Hernández, una ex corista de la cantante y ex esposa de su manager, Sergio Andrade, acusó a ambos de una serie de abusos físicos y sexuales sufridos tanto por ella como por una decena de jóvenes.

Para 1999, se les giró una orden de aprehensión y la pareja fue capturada en Río de Janeiro, Brasil, un año después. Tras casi cinco años en prisión, la cantante quedó libre y quizá nadie creyó que volvería a triunfar en los escenarios. Pero en 2007 lanzó el álbum ‘Una rosa blu’ y regresó para quedarse.

Buena parte del seguimiento mediático en torno al llamado ‘clan Trevi-Andrade’ corrió por parte de Televisión Azteca, que destinó una gran cantidad de horas de transmisión para hablar del tema y señalar los hechos.

Pero, ¿a qué se debió una cobertura tan amplia y constante? Recordemos que en los años noventa, tras el fracaso comercial de su álbum ‘Si me llevas contigo’, Gloria estuvo en negociaciones con Azteca para unirse a las filas de la televisora. Sin embargo, la cantante se quedó en Televisa, con un millonario contrato de exclusividad por seis años, lo cual desató un enfrentamiento entre ambas televisoras.

Y ahora que Trevi está libre, entabló una demanda más que millonaria hacia TV Azteca y Pati Chapoy (titular del área de Espectáculos de la televisora). Esta contempla no solo el daño por difamación sino, justamente, el pago por las ganancias que la televisora obtuvo por cada una de las horas de transmisión, con sus respectivos anunciantes y patrocinios. El monto: 180 millones de dólares.

“Pati Chapoy se burlaba y cada vez que hablaban mal de Gloria, le subía mucho el rating, como 18 puntos, y eso significa mucho dinero para Azteca”, indicó Ray Thomas, abogado de la cantante. Además, señalaron que la conductora de ‘Ventaneando’ insinuó que Trevi tendría ligas con el narcotráfico y la implicaba en una red de abuso de menores.

Más tarde, fue Gloria Trevi quien salió a los escenarios a decir que, en realidad, ella solo fue una víctima más de Sergio Andrade, y remató diciendo: “Fui una cortina de humo para las muertas de Juárez”.

Culpable o no, inocente o no, proceda la demanda o no, la cantante sigue vigente en la música. Con 51 años de edad, hasta podría ser la mamá de muchos de los jóvenes que la siguen. Y es que, por encima de una gran voz, lo que Gloria Trevi vende es actitud… y quizá eso es lo que le ha permitido, en cada giro, volver a caer de pie.