CARACAS, 30 NOV.- Nicolás Maduro se ha lanzado a una carrera contrarreloj para derrotar a la abstención que amenaza las elecciones convocadas por el próximo domingo. Todo vale para hacerse con el único poder del Estado que no está sometido por la revolución, desde las advertencias contra quien no vaya a votar hasta el uso propagandístico de los grupos de WhatsApp, en los que se estrenó ayer el “hijo de Chávez”.

Sobre todas ellas, la medida estrella: el fin temporal de la cuarentena radical contra la pandemia aplicada desde hace ocho meses. “Inician cuatro semanas de flexibilización controlada y segura. En Venezuela estamos en batalla contra la Covid-19, no podemos bajar la guardia”, subrayó el jefe revolucionario, quien también ordenó el levantamiento del toque de queda en los municipios colindantes con Brasil y Colombia.

Precisamente el gobierno de Bogotá desmintió el domingo los rumores sobre la apertura de sus fronteras, que se mantendrán cerradas al menos hasta mediados de enero para evitar el efecto llamada cuando ya una nueva ola de emigrantes abandona Venezuela de forma desesperada.

El anuncio del “presidente pueblo” ha cosechado el repudio de la comunidad científica y de la oposición, a sabiendas de que se trata de una medida electoralista para facilitar el voto en unas elecciones fraudulentas diseñadas para perpetuarse en el poder. Las urnas se abrirán el domingo sólo para la revolución, sus aliados de la extrema izquierda y los partidos colaboracionistas, que suman exgobernadores chavistas, líderes evangélicos, dirigentes falsos, diputados comprados por el millonario Alex Saab (empresario colombiano, testaferro de Maduro, que lucha en Cabo Verde para no ser extraditado a EEUU) y políticos muy veteranos empeñados en convivir con el oficialismo al precio que sea.

En juego están 277 escaños parlamentarios en una contienda que no es reconocida por la mayoría de los países del continente ni por las democracias europeas. Una situación que no parece importar a Maduro, que se negó a retrasarlas para el año que viene pese a los pedidos del dirigente opositor Henrique Capriles y de la Unión Europea.

En paralelo, la oposición real, que ha llamado a la abstención, pretende medir sus fuerzas con el oficialismo a través de una consulta popular, que se realizará de forma digital hasta el 12 de diciembre y de forma presencial ese mismo día.

Para los bolivarianos, cualquier estrategia es válida para trasladar a los votantes hasta los colegios electorales, incluidas las amenazas, como las expresadas durante un mitin electoral por Diosdado Cabello. “El que no vota, no come. Para el que no vote, no hay comida. El que no vote, no come; se le aplica una cuarentena ahí”, clamó ayer el también candidato a la Asamblea Nacional (AN).

El banderazo de Maduro para el plan “Navidades Felices” supone la reactivación de buena parte del país económico: hasta medio centenar de sectores se beneficiarán de la tregua electoral y navideña. Una vez más, la gran burbuja se inflará en las zonas ricas de Caracas y en otras ciudades gracias a la puesta en marcha de eventos deportivos y conciertos, así como la reapertura de gimnasios, restaurantes y cafeterías.

Las terminales de transporte terrestre, algunos destinos aéreos nacionales, autocines, centros comerciales, licorerías, posadas, clubes, parques de diversión, consultorios veterinarios, autolavados y heladerías, entre otros, mantendrán sus puertas abiertas durante todo el mes.

El chavismo mantendrá la cuarentena obligatoria para quienes ingresen en el país, así como las medidas habituales de bioseguridad, como el uso de la mascarilla y el distanciamiento físico. Todo ello pese a que durante la campaña electoral no se han respetado ninguna de ellas, con la proliferación de mítines que se parecían a los tiempos de antes de la pandemia. Animados, todos ellos, con la intervención estatal y los regalos de cajas CLAP, pollo, mortadela, neumáticos, incluso dólares en efectivo.

Las medidas de normalización vienen acompañadas de los tradicionales planes navideños del gobierno, casi siempre fracasados: desde la entrega de perniles de cerdo hasta el regalo de juguetes para los niños.

“Estamos en desacuerdo con la flexibilización como se ha planteado para diciembre. Esta decisión ha sido tomada básicamente por razones electorales en un país donde no tenemos cifras confiables sobre la Covid-19, tememos que son muchísimo mayores. No tenemos razones para creer que el coronavirus dentro de Venezuela se va a comportar de manera diferente a nuestros países vecinos”, criticó para LA NACIÓN Rafael Uzcátegui, coordinador de Provea, prestigiosa ong de derechos humanos.

Según las estadísticas oficiales, Venezuela suma más de 100.000 casos de coronavirus y 892 muertes. En cambio, desde el Parlamento han advertido que el gobierno oculta los datos reales, entre los que destacan la muerte de casi 300 profesionales de la medicina, uno de los porcentajes más altos del planeta.

“Exhortamos al régimen del señor Maduro a seguir las recomendaciones actualizadas de la Organización Mundial de la Salud para el ajuste de las medidas de cuarentena, con un enfoque por regiones, ciudades o municipios”, reclamaron en declaración conjunta federaciones médicas y farmacéuticas, temerosas ante el “aumento ineludible del riesgo de contagios y de transmisión comunitaria” de la enfermedad.

La cuarentena radical regresará en 2021, “con mayor fuerza, organización y disciplina”, adelantó Maduro, una vez cumplido el objetivo de las elecciones fraudulentas de imponer a la fuerza un nuevo poder legislativo.