El impacto de una publicación en redes sociales puede llegar a cotas que resultaban inimaginables hace 15 años. Vaticinar que la expresión de opiniones en Twitter, Facebook etc llegaría a arruinar la vida de los usuarios sonaba a broma, sin embargo, el tiempo ha confirmado que los puntos de vista sellados en 240 caracteres pueden salir caros. 

La británica, Maya Forstater, es la última víctima de sus pensamientos – los cuales coinciden con los de la autora de la saga Harry Potter, J.K. Rowling – esos que cuando dejan el mundo de las ideas para formar parte de la red de redes se convierten en un arma de doble filo difícil de controlar. ¿Su error? Expresar una opinión catalogada de “absolutista” por un juez. ¿La consecuencia? Perder su derecho a renovar su contrato en el Centro de Desarrollo Global (CGD), un instituto de investigación internacional con base en Washington y Londres que se encarga de luchar contra la pobreza y la desigualdad. 

El origen de la polémica reside en la activista por los derechos de las personas de género neutro, Christie Elan-Cane, quien reclama que deben instaurarse en Reino Unido los pasaportes que ofrezcan una alternativa a las etiquetas de varón o mujer: la categoría ‘X’. La creación de una opción no binaria ha sido desestimada en la Corte Suprema al ser catalogada de “ilegal”. El caso ha pasado a la Corte de Apelaciones, donde Elan-Cane y el colectivo de género neutro que la apoya (según la ONU, en el mundo hay un 1,7 por ciento de personas de género neutro, aproximadamente el mismo número de personas pelirrojas), guardan la esperanza de que su causa tenga el mismo desenlace que en países como Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Malta, Dinamarca, Alemania, Holanda, Pakistán, India o Nepal. En todos ellos, los pasaportes cuentan con dos géneros binarios y uno alternativo. 

El caso de Maya Forstater podría crear precedente en defensa de la comunidad transgénero.
El caso de Maya Forstater podría crear precedente en defensa de la comunidad transgénero.

Este es el contexto, el objeto del debate que urgió a Forstater, y miles de usuarios, a pronunciarse. La británica fue clara: “Personas a las que admiro. . . se están haciendo un lío para evitar decir la verdad: que los hombres no pueden convertirse en mujeres (porque eso podría herir los sentimientos de los hombres)”.

Ese comentario expresado vía Twitter junto a otros, fue suficiente para que su puesto de investigadora no fuera renovado en marzo de 2019 por el Centro de Desarrollo Global. Además, el juez laboral, James Tayler, dictaminó que la opinión de Forstater es “absolutista, puede violar la dignidad de otras personas y no merece ningún respeto en una sociedad democrática”. 

El tweet de esta usuaria y algunos más en los que siguió elaborando su teoría fueron suficientes para una sentencia judicial de 26 páginas donde también expuso otras ideas.

“Es un componente central de su creencia el que se refiera a una persona por el sexo que considere apropiado, incluso si viola su dignidad y/o crea un ambiente intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo”, apuntó el juez Tayler, quien añadió que su manera de catalogar a las personas transgénero “causa un enorme daño debido a que los están generalizando”.

A pesar de haber perdido su empleo, Forstater sigue defendiendo sus ideas y ha argumentado que “enmarcar la cuestión de la inclusión transgénero como un argumento en el que a los hombres se les debería permitir acceder a los espacios de las mujeres va en contra de los derechos de las mujeres a la privacidad y es fundamentalmente iliberal (es como obligar a los judíos a comer carne de cerdo). Lo único que he querido ha sido ser capaz de hablar sobre las cuestiones de sexo e identidad de género de una manera normal, abierta y democrática”.

La decisión del juez ha sido aplaudida por colectivos LGTB y demás personas que apoyan el respeto a la gente que no se siente identificada con el género binario. La defensa de sus derechos es una de las luchas que se están librando en cuanto a la diversidad y a la inclusión en una sociedad que todavía estigmatiza al diferente. Para otros, entre los que se encuentra JK Rowling, la libertad de expresión queda coartada cuando alguien pierde su trabajo por expresar que no es posible cambiar de sexo biológico

Forstater se ha topado con un juez que quiere formar parte del cambio, de esos pioneros que reconocen los derechos y libertades de los transgénero, de aquellas personas que no se sienten identificadas con ningún género y demás componentes de LGTB. Y lo ha hecho en un país cuyo sistema judicial se caracteriza por su conservadurismo. Los comentarios de la británica han sido puestos en la misma terna que los que haya podido proferir un tuitero racista, homófobo o alguien se cebe con personas discapacitadas. Son las minorías las que más sufren las apreciaciones marcadas por el odio. Poner en duda la identidad de alquien que ha pasado por el calvario y la liberación de aceptar que es mujer porque “no deberían entrar en baños para mujeres” es denigrar su condición

El que Forstater haya perdido su trabajo por mostrar su opinión puede parecer excesivo – sin que haya trascendido el supuesto de que existiera un código específico de conducta en su contrato con esta institución que aboga por la inclusión y los derechos sociales– sin embargo, puede servir para que cada vez haya una sensibilidad más generalizada contra un colectivo marginado. Quizás también haya que hablar del difícilmente cuantificable porcentaje de individuos transgénero que no tienen la oportunidad de acceder al mundo laboral por ser quienes son o del 90 por ciento que sufren abuso o insultos en sus puestos de trabajo. Las cifras son altas porque aún no son aceptados, y el hecho de no serlo crean problemas que pueden ser irreversibles en su personalidad. 

El día que se aprenda a dejar de faltarle el respeto al diferente y cada quien se ocupe de sus propios asuntos sin ese miedo a que los gays o los transexuales ‘contaminen’ sus valores, en ese momento, se habrá ganado una gran batalla por la inclusión. Sentirse aceptado es una necesidad básicas como seres sociables que somos. Lo inaceptable son las acciones discriminatorias.