El mundo de la cultura y la política de Chile lloran este jueves la muerte del escritor chileno Luis Sepúlveda, quien llevaba más de un mes y medio ingresado en un hospital batallando contra el COVID-19 y fue uno de los primeros casos diagnosticados en España, donde vivía desde hace décadas.

“La vida de Luis Sepúlveda se apagó a causa de la Covid-19 y su partida nos deja en silencio, tratando de asimilar la magnitud de esta pandemia y la enorme pérdida para las letras en Chile e Iberoamérica”, dijo en Twitter la ministra chilena de las Culturas, Consuelo Valdés.

La funcionaria describió al autor del superventas “Un viejo que leía novelas de amor” como “novelista de obras sensibles, humanas y mágicas” y “creador de escenas de la naturaleza y personajes entrañables, como el gato Zorbas y la gaviota a la que le enseñó a volar”.

Sepúlveda, de 70 años, falleció este jueves en un hospital de Asturias (norte de España) donde permanecía ingresado en estado grave desde el 29 de febrero por una neumonía asociada al coronavirus, aunque en las últimas semanas desarrolló otras patologías y problemas en distintos órganos vitales.

El prestigioso autor, miembro del grupo de escritores latinoamericanos posteriores al “boom” del realismo mágico y galardonado con el Premio Gabriela Mistral de Poesía en 1976, se empezó a sentir mal tras regresar del festival literario Correntes d’Escritas, en el norte de Portugal.

“PROFUNDAMENTE ROJO”

“Conmovido por el fallecimiento de Luis Sepúlveda, un personaje de la cultura de nuestro país, gran escritor e incansable luchador por la democracia y la justicia. Descanse en paz”, indicó en la misma red social el senador socialista y ex secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza.

“Allendista, preso político de Pinochet, sandinista, lúcido escritor que fabuló con gatos y gaviotas, y que también retrató la dura vida de los pampinos. Nos legó su obra plagada de gran humanidad”, agregó por su parte el diputado comunista, Daniel Nuñez.

Hijo de un militante comunista y de una enfermera mapuche, Sepúlveda decía que había nacido “profundamente rojo”, lo que le llevó a militar en distintos partidos y a admirar al expresidente socialista Salvador Allende, derrocado por un golpe de Estado en 1973.

Detenido por el régimen de Augusto Pinochet, el escritor huyó de Chile en 1977 y pasó gran parte de su vida viajando. En Ecuador, conoció a los indígenas amazónicos shuar y se inspiró para escribir “El viejo que leía novelas de amor” (1988), un rotundo éxito internacional con más de 18 millones de ejemplares vendidos y traducida a más de 60 idiomas.

Tras luchar en Nicaragua contra la dictadura somocista, se asentó unos años en Alemania, donde trabajó para la ONG Greenpeace, y luego se mudó junto a su esposa, la también poetisa Carmen Yáñez, a Oviedo, la capital de Asturias.

ATENTO SIEMPRE A LA ACTUALIDAD CHILENA

Pese a estar a más de 14.000 kilómetros de distancia, desde España siguió muy cerca la ola de protestas sociales contra la desigualdad que estallaron en Chile el pasado octubre y en una de sus últimas columnas en la edición chilena de Le Monde Diplomatique tildó al presidente Sebastián Piñera de “fantoche inepto y de reconocido prontuario delictual”.

El periódico le dedicó este jueves un emotivo texto en el que le define como “un hombre generoso y talentoso, un contador de historias, que puso su saber al servicio de los demás” y que estuvo “siempre al lado de las luchas sociales con la pasión de los que creen que otro Chile y otro mundo son posibles”.

También quiso despedirse el histórico grupo musical chileno Illapú: “Luis, querido compañero, te quedas con nosotros y nos quedan tus historias para siempre”.

El autor, con más de una treintena de obras, también hizo incursiones en el cine y con “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar” se convirtió en “un clásico vivo para muchos jóvenes y escolares”, según recordó este jueves Tusquets, su editorial en España.