La incredulidad y la desazón se apoderaron este miércoles de Argentina por la muerte de Diego Maradona, para muchos “su Dios”, y que esta vez no pudo vencer a la muerte que tantas veces lo acechó.

“No lo puedo creer, es una cosa increíble, uno piensa que (ídolos como Maradona) pueden pasar todas las tormentas, pero se ve que no, terminan siendo todos mortales. Estoy digiriéndolo, siento que es un mal sueño. Siento que es un chiste. Quiero creer que es un chiste”, explica en Buenos Aires a la AFP Francisco Salaverry, de 28 años.

Un joven llora la muerte de Diego Maradona frente a La Bombonera de Buenos Aires, el estadio del club Boca Juniors del que el astro del fútbol mundial fue y es ídolo de su hinchada, el 25 de noviembre de 2020© AFP ALEJANDRO PAGNI

La noticia impacta de lleno en el estado de ánimo de los argentinos, ya muy golpeados por la pandemia del coronavirus y la crisis, en un país donde el fútbol es religión. “Tremenda noticia, otro dolor para este 2020 de mierda”, dijo Isabel Puente, de 70 años.

“Hoy es un mal día, un día muy triste para todos los argentinos”, resumió el presidente Alberto Fernández en una entrevista en el canal TyC Sports, luego de decretar tres días de duelo y suspender todas sus actividades del jueves y viernes.

La Iglesia Maradoniana, conformada por adeptos al “dios” Maradona, convocó a una concentración en su honor a las 18H00 locales (21H00 GMT) en el Obelisco, tradicional punto de encuentro de las celebraciones futbolísticas en Buenos Aires.

“No puedo hablar ahora. Voy a ir hoy al Obelisco”, respondió a la AFP con voz entrecortada Guillermo Rodríguez, un fanático que el pasado 30 de octubre, para celebrar el cumpleaños 60 de Maradona, se hizo el décimo tatuaje de su ídolo, que reza “d10S”, una combinación de letras y números que se lee Dios. Rodríguez, de 42 años, llora. Ya no podrá cumplir su sueño mayor de abrazar alguna vez al 10.

Gabriel Oturi, de 68 años, se dice “totalmente conmocionado, dolorido”. “Le voy a ser franco, creo que fue un gran tipo que no tuvo muy buenas relaciones a su alrededor, que se aprovecharon mucho de él”, sentenció.

En cada una de sus caídas y recaídas, consecuencias de su consumo de drogas o excesos de alcohol, muchos señalaron al “entorno” del 10. En ese entorno, siempre respondían que a él no lo podía manejar nadie. En su última internación tras una operación en la cabeza a principios de noviembre, tuvieron que sedarlo para evitar que se fuera del sanatorio.

“Dolor país”

“Dolor país. Fin de una era”, sintetizó Julia, de 57 años, en una calle de Buenos Aires.

El estilo provocador y rebelde del excapitán de la selección argentina en México-1986, y que también dirigió a la Albiceleste en Sudáfrica-2010 sumó admiradores, fanáticos y seguidores pero también enemigos, contra los que supo usar su lengua filosa con ingenio burlón.

“Hasta Siempre Diego! ¡Gracias Diego!” escribieron en Instagram las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora con una foto de un encuentro entre Maradona y la dirigente Taty Almeida.

En los alrededores de la Bombonera, el mítico estadio de Boca Juniors del que Maradona fue jugador y fanático, algunos hinchas lloran y se abrazan.

Desde que el 10 alzó la copa en México-1986 y deslumbró al mundo con su zurda, no paró de despertar pasiones en su país. No fue solo una conquista deportiva, el segundo título mundial albiceleste, además se erigió en símbolo del desafío al poder establecido.

Nadie en Argentina olvida sus dos goles a Inglaterra en cuartos de final (2-1) de aquel mundial en México: el primero, la célebre “mano de Dios”, como el mismo bautizó su tanto, marcado con la mano, y el segundo, una carrera prodigiosa con el balón pegado al pie que suele ser calificado como el mejor gol de la historia de los mundiales.

“Pocas veces en mí vida sentí el dolor que hoy me invade, pocas veces sentí tantas alegrías como aquel 29 de junio de 1986 cuando tocamos el cielo con las manos, el mismo cielo que hoy se torna oscuro y nos llena de lágrimas”, escribió Mauricio Passadore, un adorador del 10 al evocar aquel histórico partido.

Fue “un Dios errante, sucio y pecador. El más humano de los dioses”, escribió un anónimo cuyo texto se hizo viral en las redes sociales.