El proyecto anunciado en 2017 por Sidewalk Labs y Toronto Waterfront, la agencia pública a cargo de revitalizar el área, ha ido recibiendo cada vez más cuestionamientos de parte de los vecinos y organizaciones sociales.

De hecho, la Asociación Canadiense de Libertades Civiles (CCLA, por sus siglas en inglés) ya está demandando a tres administraciones diferentes.

En estos días un grupo de ciudadanos de Toronto llamado Block Sidewalk celebró su primera reunión y ninguno de los asistentes parecía muy feliz, dijo la organizadora Bianca Wylie a Jane Wakefield, corresponsal de tecnología de la BBC.

El proyecto que propone redefinir hogares, oficinas, tiendas y fábricas con una agenda ecológica, robots y eliminación subterránea de desechos despierta tres interrogantes principales.

1. Privacidad

En su diseño inicial el proyecto incorporaba sensores para recolectar datos, lo que inquietó a algunos.

“La recopilación masiva de datos se está normalizando”, dijo Wylie, quien afirmó que no se ha preguntado a los vecinos si están de acuerdo con esto. “Nadie aquí ha pedido un vecindario cargado de sensores”.

Por su parte, Brenda McPhail, directora de CCLA, dijo a la BBC que era “inapropiado” que una firma como Google diseñara políticas de privacidad para manejar los vecindarios de la ciudad.

“El modelo de ciudad inteligente tiene que ver con la exageración. Ellos creen que si tenemos suficientes datos resolveremos todos nuestros problemas. Tenemos que ser escépticos sobre esas afirmaciones”.

Sidewalk Labs le dijo a la BBC que aún no había presentado sus propuestas definitivas a Waterfront Toronto y añadió que esperaba “seguir trabajando con los habitantes de la ciudad para hacerlo bien”.

La empresa aseguró estar “fuertemente comprometida con la protección y la privacidad” de los datos recopilados en las zonas urbanas.

Sin embargo, el año pasado, la propia asesora de privacidad de la firma, Ann Cavoukian, renunció.

“Me imaginé creando una ciudad inteligente con especial foco en la privacidad, en lugar de una ciudad inteligente para vigilar“, dijo Cavoukian en su carta de renuncia.

2. Asociación público-privada

Las líneas que diferencian la empresa privada de lo público se están difuminando y eso tiene a mucha gente “muy preocupada”, afirmó Anthony Townsend, planificador urbano y autor de una serie de libros sobre ciudades inteligentes.

“¿Van a dejar a Sidewalks Lab a cargo del sistema de transportes que corresponde al gobierno? ¿Es ese su verdadero modelo de negocio?”, se preguntó.

A su vez, la profesora Saskia Sassen, experta en ciudades inteligentes que enseña sociología en la Universidad de Columbia, dijo: “En principio, tener una corporación privada haciendo trabajo público está bien y la mayoría del tiempo funciona”.

“Pero cuando se trata de instalar un sistema complejo, entonces hay probabilidades de que también tengan asignada la siguiente labor, por lo que se privatiza aún más el sistema”, le contó a la BBC.

“Google domina internet, por lo que tener una empresa filial para dominar fuera de internet podría ser problemático”.

En este sentido McPhail afirmó: “La recopilación de datos online está perjudicando a individuos y grupos”.

“Está afectando todo, intentando influir desde la forma en que los individuos compran hasta la forma como votan. Por lo tanto, nos preguntamos por qué demonios creemos que es una buena idea traer ese modelo de big data a las calles de nuestras ciudades”, agregó.

Sidewalk Labs claramente no está de acuerdo.

“Este debate debe basarse en la realidad, no en la ficción ni en el miedo. Es lamentable que una vez más la CCLA haya elegido caracterizar mal nuestro trabajo y nuestro compromiso con la gente de Toronto”, informó a la BBC en un comunicado.

3. Modelo de negocio

Wylie dijo a la BBC que los vecinos del grupo Block Sidewalk mostraron una serie de inquietudes sobre el proyecto, desde la falta de transparencia en la forma en que Toronto Waterfront había otorgado el contrato a Sidewalk Labs, hasta las dudas sobre si la empresa había llevado a cabo anteriormente un proyecto tan ambicioso.

También hubo voces preocupadas sobre lo que la compañía planeaba hacer con el área a largo plazo.

“Este grupo se formó porque los documentos filtrados al diario Toronto Star sugerían que Sidewalk Labs tenía una visión que iba mucho más allá de los 48.500 metros cuadrados del terreno comprometido para este proyecto en concreto. Nos preocupaba la falta de transparencia“, dijo Wylie.

El artículo al que se refiere afirma que la filial de Google quería construir un vecindario mucho más grande en el barrio Quayside y conectarlo con el resto de la ciudad con la construcción de un nuevo transporte.

A cambio de su inversión, la empresa solicitó quedarse con una parte de los impuestos a la propiedad y los impuestos por la urbanización y el aumento del valor de los terrenos, que normalmente corresponderían a la ciudad.

Por lo pronto, los planes finales de la firma para la reurbanización están retrasados mientras se tratan de resolver estas controversias.

El presidente de Toronto Waterfront, Stephen Diamond, dijo recientemente a la publicación canadiense The Logic que espera que se retrase “unos meses”.

En palabras de un portavoz de Toronto Waterfront: “El proceso de evaluación determinará con qué partes de la propuesta, si las hay, se pueden seguir adelante”.