Una delegación de EE UU se reúne con el jefe de la seguridad siria en Damasco

Washington condiciona su retirada de la guerra siria al acceso al petróleo y la colaboración en la lucha antiterrorista

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El presidente sirio, Bachar el Asad, durante la celebración del Eid al Adha, en una mezquita de Damasco, el pasado 21 de agosto. SANA REUTERS

Un alto cargo de EE UU acompañado por varios agentes de la CIA se reunió en Damasco a finales de junio con Ali Mamluk, el jefe de inteligencia siria y uno de los hombres fuertes del presidente Bachar el Asad, según ha revelado el rotativo libanés Al Akhbar (cercano al partido milicia libanés pro-iraní Hezbolá). Dos altos funcionarios de la Inteligencia estadounidense han confirmado posteriormente el encuentro a Reuters. Lo que se debatiera en esa reunión —que según Al Akhbar duró cuatro horas— puede cambiar el curso de la guerra en Siria. El enviado de Washington habría presentado tres condiciones para una retirada completa de los efectivos que mantiene en el país. El jefe de la inteligencia siria habría rechazado de pleno la oferta. El encuentro simboliza per se una disposición al diálogo entre dos acérrimos enemigos. Y ello, conforme El Asad se proclama vencedor de una contienda en la que han perdido la vida medio millón de almas.

A finales de junio, y poco antes de la medianoche, una avioneta privada procedente de los Emiratos Árabes Unidos aterrizó en el aeropuerto internacional de Damasco. A los 40 minutos, un convoy de vehículos 4×4 con ventanas tintadas escoltó a los pasajeros desde el aeroplano hasta las nuevas oficinas del máximo jefe de la seguridad siria en la capital, en el barrio de Mezze. Mohammed Dib Zeitun, el jefe de la Dirección General de Seguridad de Siria, y Muwafaq Asaad, el subjefe de personal de las fuerzas armadas, asistieron a la reunión sin que se haya revelado la identidad de los participantes estadounidenses.

Así describe el rotativo libanés el ambiente en el que la delegación norteamericana expuso sus condiciones para una retirada de los cerca de 2.000 marines que mantiene desplegados en Siria y el desmantelamiento de sus bases militares, incluida la de Al Tanf, al este del país y en la frontera con Irak. A cambio, EE UU ha pedido el completo repliegue de todas las fuerzas iraníes y afines a Teherán del sur de Siria retomando la demanda realizada previamente por Israel; garantías para la participación de empresas norteamericanas en la explotación de los pozos petrolíferos al este del Éufrates, y acceso a las bases de datos sirias sobre grupos terroristas y en particular relativas a los yihadistas extranjeros muertos o encarcelados en celdas gubernamentales.

Estás serían las condiciones para la salida de EE UU de una guerra en la que sus cazas lideraron los primeros bombarderos de coalición internacional cuatro años atrás en la lucha contra el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). La negativa de Mamluk habría sido tajante, según Al Akhbar, y seguida por apelativos de “fuerzas de ocupación” para referirse a las tropas de EE UU en Siria. También ha rehusado toda alteración en la alianza de Damasco con Irán y Rusia y solicitado que primero se normalicen las relaciones políticas entre Washington y Damasco previo paso a un futuro intercambio en el ámbito de la inteligencia. Si bien ambos países han mantenido el contacto a través de terceros actores como Rusia durante la contienda, Washington se posicionó desde el inicio de las protestes que surgieron en marzo de 2011 del lado del bando insurrecto.

Prestó apoyo político y militar a las facciones insurrectas con el objetivo de derrocar al régimen de El Asad. Sin embargo, ni Barak Obama ni el actual presidente Donald Trump han optado por lanzar una incursión terrestre en Siria, optando por recurrir a las facciones kurdas como punta de la lanza en tierra. En 2017, Trump ordenó el cierre de un programa de ayuda militar dirigido por la CIA a insurgentes. Este inédito encuentro supondría un cambio de 180 grados en la política estadounidense hacia Siria y refrendaría los ecos que desde hace meses llegan desde la Casa Blanca para retirar a sus hombres de Siria.

La última colaboración en materia de inteligencia entre ambos países se remonta al breve, pero productivo, acercamiento que protagonizaron sus respectivos servicios de inteligencia durante los meses posteriores al 11-S. La coalición internacional liderada por EE UU asegura haber extirpado al Estado Islámico de Siria e Irak y haber matado a la mayoría de los entre 35.000 y 45.000 yihadistas extranjeros estimados en las filas del defenestrado califato. Un 12% de ellos europeos. Sin embargo, teme el retorno de sus nacionales conforme el grupo terrorista adopta técnicas de contrainsurgencia en el este del país, donde varios miles de muyahidines siguen atrincherados.

La noticia del encuentro llega al tiempo que resuenan los tambores de guerra sobre Idlib, la última provincia insurrecta en Siria y mayoritariamente bajo control de la antigua filial de Al Qaeda. “Los sirios filtran ahora el encuentro para dejar en evidencia a EE UU y crear un ambiente favorable entre la opinión pública doméstica para lanzar una ofensiva sobre Idlib”, valora una fuente militar en Beirut. “Espero que nuestros socios occidentales no van a favorecer las provocaciones, no van a obstaculizar la operación antiterrorista [en Idlib]”, afirmó por su parte este miércoles el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, durante una conferencia de prensa con su homólogo saudí, Adel al Jubeir.

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