Quebec, la provincia francófona de Canadá, acogerá el próximo año un 20% menos de inmigrantes de los que ha recibido este 2018. El recién nombrado ministro de inmigración quebequés, Simon Jolin-Barrette, presentó este martes ante la Asamblea Nacional un proyecto de ley que pretende reducir la llegada de nuevos vecinos. 

La victoria en 74 de las 125 circunscripciones adjudicadas el pasado octubre por la Coalición Futuro de Quebec (CAQ) le garantiza una aprobación sin mayores obstáculos. François Legault, primer ministro entrante y fundador de CAQ, prometió durante su campaña electoral que esta propuesta se llevaría a cabo. Esta semana ha quedado claro que iba en serio.

El 28 de noviembre, al pronunciar el discurso inaugural de la nueva legislatura, Legault abordó el tema: “Queremos reducir las cuotas de inmigración a modo de tener los mejores medios para integrar a los inmigrantes al mercado laboral, a la mayoría francohablante y a nuestros valores comunes, particularmente la igualdad entre hombres y mujeres”. Este año, Quebec ha recibido unos 50.000 inmigrantes y la meta para el 2019 es que ronde los 40.000, un quinto menos.

El proyecto presentado por la CAQ, la agrupación política que infligió una severa derrota en las urnas al Partido Liberal y al Partido Quebequés, toma en cuenta en sus reducciones a las tres categorías de inmigrantes: los cálculos proyectan que arribarán entre 21.700 y 24.300 seleccionados por inmigración económica; entre 8.900 y 9.400 en virtud del programa de reunificación familiar; y entre 6.800 y 7.500 refugiados. El ministro Jolin-Barrette precisó frente a sus pares legislativos que se trata de una medida temporal.

Algunos diputados de oposición no tardaron en expresar sus críticas a la propuesta de ley, calificando de vagas las cifras que la respaldan, alimentada por prejuicios y carente de instrumentos para medir su efectividad, sobre todo porque no se sabe bajo qué elementos quedará suspendida o se renovará en el futuro.

Cabe señalar que Legault prometió en campaña que los inmigrantes deberán aprobar, tres años después de su llegada, un examen de “valores quebequeses”, con elementos como la igualdad entre hombres y mujeres, el apego a la laicidad y una prueba de francés. Sin embargo, el proyecto presentado por la CAQ no incluye estos puntos.

Justin Trudeau, primer ministro canadiense, ha evocado en diversos momentos que los planes del nuevo Gobierno quebequés no reflejan la tradición canadiense ni de la propia Quebec en cuanto a apertura y hospitalidad con las personas provenientes de otros destinos.

Horas antes de que el ministro Jolin-Barrette presentara la propuesta en la Asamblea provincial, Trudeau comentó a propósito de la inmigración económica: “Lo que escucho en todo Quebec es que los empresarios están preocupados por la escasez de mano de obra. No estoy seguro de que este sea el mejor momento para reducir la cantidad de personas que llegan”.

La Federación Canadiense de Negocios Independientes publicó el mismo día que se presentó el proyecto un informe donde se establece que existen unas 430.000 vacantes de empleo en Canadá; 118.000 las tiene Quebec. A su vez, la Cámara de Comercio de Montreal ya se ha pronunciado sobre los desafíos que implicaría un descenso en el número de inmigrantes.

La ciudad costera cuenta con competencias para la selección de la inmigración económica. Sin embargo, las reunificaciones familiares y los refugiados son jurisdicción del Gobierno federal. La propuesta de ley de la CAQ significa por ende un problema de peso para Trudeau.

El primer ministro señaló que mantiene abiertos los canales de comunicación con Quebec para analizar las opciones disponibles. El panorama general dista de ser sencillo para el líder canadiense, ya que esto se suma a las fricciones existentes con algunas provincias por temas medioambientales y energéticos. Todo esto con las elecciones federales fijadas para el próximo octubre.

Dominic LeBlanc, ministro federal de asuntos gubernamentales, se refirió hace unos días a la propuesta: “No quisiéramos tener un sistema que funcione a distintas velocidades, donde las familias sean reunidas con mayor rapidez en Nuevo Brunswick o en Ontario que en Quebec”.

A lo que Jolin-Barrette, de Inmigración, le respondió con una invitación “a ajustar el número de inmigrantes que llegan a Quebec de acuerdo con la voluntad expresada por los quebequeses en los comicios”. Además de evocar los resultados electorales, la CAQ se apoya en una encuesta hecha pública la semana pasada en la que el 64% de la población respalda las intenciones del nuevo Gobierno en materia de inmigración: el 37% dijo estar completamente de acuerdo y el 27% indicó su apoyo de forma moderada.

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