Como cada comienzo de año, las tiendas en Japón se encuentran con una avalancha de compradores. No se trata de hacerse con los regalos más deseados para tus familiares, ni tan siquiera de aprovechar las grandes ofertas que se presentan por las rebajas, sino que todo gira alrededor de una simple palabra: ‘fukubukuro‘. O, lo que es lo mismo, las bolsas sorpresas por las que los japoneses enloquecen en los primeros quince días del años nuevo.

Se trata, ni más ni menos, de bolsas de las que se desconoce su contenido, también llamadas bolsas de la suerte. Las marcas más reconocidas y más prestigiosas del mundo empaquetan una serie de productos en un embalaje especial, completamente opaco y que impide al consumidor saber qué hay en su interior. Lo único que en realidad se sabe es que los productos misteriosos que está comprando le saldrán más baratos que si decide hacerse con ellos por separado.

Esta tradición comienza todos los años el 1 de enero y se mantienen hasta el día 15 del mes. En un primer momento, esta idea nació como respuesta a la necesidad de muchas tiendas de deshacerse del género del pasado año que no habían conseguido vender, reduciendo su precio -y, por tanto, su margen de beneficio- pero logrando dar salida a las existencias que quedaban en sus almacenes. En cuestión de años, se ha convertido en un éxito.

Desde tiendas de ropa, a videojuegos, pasando por locales de comida o especializados en café, cualquier tienda que se precie en Japón cuenta con sus ‘fukubukuro’. El consumidor, de hecho, se ve ‘enganchado’ a esta tradición por la emoción de no saber en realidad qué es lo que está comprando, más que una serie de productos de su tienda favorita. Eso sí, los establecimientos han conseguido este efecto cambiando la tendencia: de sobras a productos de calidad.

En un primer momento, las tiendas rellenaban las bolsas con productos que estaban ‘obligados’ a vender antes de cambiar el género para adaptarlo a la nueva temporada, pero eso ahora ha cambiado: las firmas llenan los ‘fukubukuro’ con elementos de altísima calidad, completamente actuales y exclusivos, que provocan que los compradores hagan eternas colas ante las tiendas ante la posibilidad de que se agoten y se queden sin su esperada bolsa sorpresa.

Una vez acaba la compra de ‘fukubukuro’, llega el momento del segundo ‘boom’ de ventas: el efecto rebote provocado por la venta en plataformas de segunda mano de los productos ‘extra’ de la bolsa que el consumidor no quiere para él. Quince días de locura en Japón, que se convierten en una de las épocas del año en la que los establecimientos son capaces de vender más cantidad de productos… pese a que el usuario no sabe exactamente qué es lo que está comprando.

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