Nueva York, la ciudad que nunca duerme, vivió la noche del jueves una mezcla de esplendor y miedo. A las 9 de la noche hora local, el cielo se tiñó de azul celeste y fueron muchos los que pensaron que se trataba de un ataque terrorista. De hecho, la autoridad portuaria de Nueva York y Nueva Jersey cerró el aeropuerto de La Guardia por, teóricamente, “inspección del aeropuerto”.

La Policía de Nueva York lanzó un aviso en el que explicaba que “las luces que han visto aparecer a lo largo de la ciudad parecen proceder de la explosión de un transformador en Queens. El fuego está bajo control”. Ahí se encontraba el problema: en una explosión de un transformador en las instalaciones de la compañía Con Edison.

La propia compañía eléctrica, en su cuenta de Twitter, revelaba poco después que había habido “un breve incendio eléctrico en nuestra subestación entre la Avenida 20 y la Calle 32, lo que provocó una caída de la transmisión en el área. Todas las líneas eléctricas que sirven al área están en servicio y el sistema es estable”.

Al día siguiente, en la mañana del viernes, la compañía volvía a hablar sobre lo sucedido: “El fallo eléctrico de anoche causó un arco eléctrico sostenido y una perturbación en la transmisión. No hubo heridos y todas las líneas eléctricas que sirven al área están estables. Pedimos a los clientes disculpas por la interrupción”.

El cielo de Nueva York estuvo más de un minuto teñido de azul, mientras muchas personas se asomaban a sus ventanas para disfrutar del espectáculo. Algunos incluso se plantearon que se tratara de una invasión alienígena, algo que tuvo que negar el portavoz del ayuntamiento neoyorkino, Eric Philips.

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