EE UU acusa a siete espías rusos de ciberataques a agencias antidopaje

Entre los objetivos de los 'hackers' figura desprestigiar a atletas internacionales tras el escándalo ruso en los Juegos de Invierno de 2014

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El asistente del Fiscal General para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, John C. Demers da a conocer a los acusados rusos. AFP

Estados Unidos acusó este jueves a siete espías del servicio de inteligencia militar ruso (GRU) por un ataque cibernético relacionado con la filtración de pruebas de drogas de atletas olímpicos. El ataque habría sido motivado por una suerte de venganza tras el desmantelamiento del sistema de dopaje institucionalizado en el atletismo ruso en los Juegos de Invierno de Sochi 2014. “Entre los objetivos de la conspiración estaba la divulgación de información robada como parte de una campaña diseñada para socavar, tomar represalias y deslegitimar los esfuerzos de las organizaciones internacionales antidopaje”, informó el Departamento de Justicia estadounidense.

Los ciberataques rusos han sido una sombra en la Administración de Donald Trump. El Departamento del Tesoro anunció en mayo la imposición de sanciones a 19 ciudadanos y cinco empresas rusas tanto por su participación en la fabricación y diseminación de fake news (bulos) durante la campaña electoral de 2016 como por una serie orquestada de ciberataques contra sectores claves de la economía. Un mes antes, el fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller, había acusado a 13 ciudadanos y tres empresas rusas de haber construido un gigantesco operativo, bautizado como Proyecto Latkha, destinado a ayudar a Trump e interferir en los comicios mediante la intoxicación en redes sociales y el activismo de base.

Los siete acusados por un gran jurado en el Distrito Oeste de Pennsylvania son oficiales de la Dirección Principal de Inteligencia de Rusia. Todos serán procesados por piratería informática, fraude, robo de identidad agravado y lavado de dinero. De acuerdo con la investigación de la acusación, iniciada a finales de 2014 y finalizada a mediados de este año, el ataque cibernético llevó a cabo intrusiones “persistentes y sofisticadas” que afectaron a estadounidenses, entidades corporativas, organizaciones internacionales y sus respectivos empleados de todo el mundo. El hackeo formaba parte de una estrategia que velaba por el interés del gobierno ruso.

El fiscal general de EE UU, Jeff Sessions, señaló en una rueda de prensa que este tipo de campañas de piratería informática “representan una seria amenaza” para la seguridad del país. “Estamos acusando a siete oficiales de la GRU por múltiples delitos, incluyendo el uso de piratería para difundir la información personal de cientos de oficiales y atletas antidopaje como parte de un esfuerzo por distraer la atención del programa de dopaje patrocinado por el estado de Rusia”, apuntó Sessions.

La acusación alega que después de una serie de investigaciones independientes a partir de 2015, en las que se expuso la subversión sistemática de los procesos de prueba de drogas antes, durante y después de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014 (según el “Informe McLaren”), los hackers comenzaron a atacar los sistemas utilizados por organizaciones y funcionarios internacionales antidopaje. Después de comprometer esos sistemas, los acusados robaron credenciales, registros médicos y otros datos, incluida la información sobre exenciones de uso terapéutico (TUE), que permiten a los atletas usar sustancias prohibidas.

El equipo olímpico de Rusia no pudo participar en dos Juegos Olímpicos -Río de Janeiro y Pyeongchang- y numerosos Europeos y Mundiales bajo su bandera tras el escándalo de 2014. El Informe McLaren reveló que más de 1.000 deportistas olímpicos rusos pertenecientes a más de 30 federaciones deportivas se beneficiaron de manipulaciones para esconder sus análisis positivos de dopaje. “Todo esto (el ataque de los siete acusados) se hizo para debilitar los esfuerzos de muchas organizaciones para garantizar la integridad de los Juegos Olímpicos y otros eventos deportivos”, explicó el fiscal estadounidense.

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