El presidente de Filipinas, un país en el que el 85% de la población se declara católica, declaró sin pudor este miércoles que los obispos son unos “inútiles” y animó a matarlos a todos. Rodrigo Duterte, que dirige con mano de hierro el país asiático desde 2016, declaró: “Esos bastardos no sirven para nada.

Lo único que hacen es criticar”. La Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas no ha querido entrar al trapo y se ha negado a responder a Duterte: “No queremos añadir más leña al fuego. Cualquier comentario solo exageraría el asunto”, ha indicado este jueves un portavoz de la conferencia episcopal, Jerome Seciliano.

La poderosa Iglesia católica de Filipinas se posicionó contra las medidas de Duterte en su guerra contra las drogas el año pasado. De los 100 millones de habitantes, alrededor de 1,8 millones de filipinos toman drogas, según cifras oficiales.

En verano de 2016, Duterte emprendió la Operación Tokhang, una iniciativa para reinsertar a los drogadictos del país que derivó en una estrategia de ejecuciones extrajudiciales de adictos y narcotraficantes. La cifra de muertos superaba en julio de 2017 los 9.400. La jerarquía eclesiástica llegó a calificar la situación del país como “un reino del terror”.

Duterte, de 71 años, no se tomó bien la crítica de los obispos, a los que entonces calificó como “hijos de puta”. En su último ataque, el presidente de Filipinas ha llegado a decir que Iglesia católica es la institución ‘más hipócrita del mundo’ y que “el 90 % de sus sacerdotes son gais”.

El portavoz del Gobierno, Salvador Panelo, defiende que las palabras de Duterte no hay que entenderlas como algo literal, sino que empleó la ‘hipérbole’ para lograr un ‘efecto más dramático’ en sus comentarios. El pasado mes de junio, Duterte enfadó a los fieles filipinos al llamar “estúpido” a Dios. Poco después, inició un diálogo con la jerarquía católica del país y pactaron una tregua en el cruce de acusaciones. Una moratoria que ha durado poco. 

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