“La cirugía bariátrica -intervención quirúrgica indicada para casos graves de obesidad- no es magia, y después de la operación, el paciente ha de seguir haciendo un esfuerzo por su parte, siguiendo rigurosamente las pautas dadas”, afirma a CuídatePlus Rocío Basanta, psicóloga clínica responsable del programa de interconsulta y enlace del Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA), en Lugo. La experta participó la pasada semana en la I Jornada de Psicología del tratamiento de la Obesidad, realizada en Barcelona, con el amparo de la Sociedad Española de Estudio de la Obesidad (Seedo) y el Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña (COPC).

Basanta subraya que preparando psicológicamente al paciente antes, durante y después de la operación se obtendrán mejores resultados y de forma más eficaz. Por este motivo, “hay que cuidar el proceso y elegir bien el momento en que entran en quirófano; que se trate de un momento de estabilidad. Y en ese tiempo es importante preparar y acompañar”.

Tras recordar que la cirugía bariátrica tiene como objetivo (a través de diversas técnicas) que el paciente, enfermo de obesidad mórbida, baje de peso de forma significativa y mantenida en el tiempo, el ponente de uno de los talleres impartidos en esta jornada, Antonio Alcántara, psicólogo clínico y profesor en la Universidad de Lleida, explica quién es el destinatario de esta modalidad terapéutica.

Psicológicamente, ¿todos los pacientes son candidatos?

Claramente, no. Basanta aclara lo siguiente: “No todos las personas con obesidad son candidatos a cirugía bariátrica. La primera selección la hacen los endocrinólogos entre los pacientes con obesidades graves y que llevan años con el problema”. Pero además, y eso es parte de los psicólogos clínicos, “hemos de asegurarnos que entiendan en qué consiste la operación y todo el proceso, y que se comprometan y colaboren con el cuidado de su salud, empezando ya antes de operarse, y que esté en el momento adecuado. Si la persona que se opera no está preparado psicológicamente, o no es el momento adecuado para intervenir quirúrgicamente, existe más riesgo de fracaso en la evolución, aunque la cirugía haya salido perfecta”.

Alcántara menciona que existe cierto consenso en la evaluación de candidatos, que señala a algunas patologías mentales como las principales accionistas en haber conseguido esta relación peso-altura y que corresponden a la categoría de obesidad mórbida -la obesidad como enfermedad en sí misma y que viene acompañada generalmente de otras patologías-. Estas enfermedades mentales están presentes en el momento de la entrevista o bien se anticipan que le acompañarán en un futuro próximo.

El experto indica que con respecto a lo psicológico, en el caso de una persona con inestabilidad en la personalidad, en el humor, adicciones, o bien trastorno de la conducta alimentaria que, de forma persistente y con intensidad suficiente, esté en la génesis del problema, se ha de excluir al paciente del protocolo y  ofrecerle la posibilidad de reparación del cuadro que le ha generado este resultado. Es decir, la detección de patología durante la evaluación es clave, ya que si el candidato disimula o bien omite información durante las entrevistas y pruebas, se arriesga a un fracaso más que probable. En algunos casos, la exclusión es temporal y tras realizar la terapia adecuada, el mismo paciente está en condiciones de enfrentarse con más garantías a este cambio. En otros, si el deseo de “solución quirúrgica” es superior a la honestidad en el proceso de evaluación, será peor el remedio que la enfermedad. “Los psicólogos, en muchas ocasiones, disponemos sólo de la información que reporta el paciente y éste puede verse tentado a presentar la narrativa que más considere que le convenga. El captar las contradicciones y las incongruencias es tarea del evaluador, pero ya sabemos todos que hay personas que tienen un máster en conseguir lo que quieren, sin pararse a pensar si es lo que les conviene”.

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¿Cómo debe ser la preparación psicológica para esta cirugía?

“El candidato ha de estar bien informado y eso es tarea de todo el equipo multidisciplinar, es decir, de endocrinos, nutricionistas, cardiólogos, neumólogos, psicólogos, y otros que se puedan ir sumando, como expertos culinarios y también de actividad física. Ha de tener voluntad mantenida de cirugía y ser consciente de la necesidad de adaptación a la nueva situación que se presentará tras la operación”, relata Alcántara.

Este experto señala que la cirugía está destinada a ayudar a los que no pueden conseguirlo a través de la a cirugía para perder peso podría ayudar a los pacientes obesos a vencer la diabetes recomendada junto al cambio de hábitos. Es una cirugía que, pese a las novedades en las técnicas de intervención, se ha de considerar como agresiva, ya que afecta al estómago, denominado por muchos el “segundo cerebro” y que quedará reducido de forma irreversible, así como a un tramo del intestino, si la técnica elegida por el cirujano es el conocido bypassNo debe ser una decisión tomada de forma impulsiva y caprichosa, ya que alterará hábitos de alimentación y la función digestiva. Por todo esto, hay que trabajar a la par, tanto la información como las expectativas.

¿Qué sentimientos pueden aparecer tras la operación?

Sobre los sentimientos que pueden pasar por la cabeza del paciente después de la operación de cirugía bariátrica, Alcántara comenta que serán cambiantes según la etapa en la que se encuentren y dependiendo de si coinciden o no con lo esperado.

Al principio, el paciente puede sentir un alivio, por haber superado una intervención que, no olvidemos, tiene sus riesgos, y más teniendo en cuenta la complejidad que supone operar a una persona que, como mínimo, tiene un sistema cardiorrespiratorio afectado por un sobreesfuerzo mantenido durante años.

Al salir del hospital, tras una semana aproximadamente, tendrá algo de vértigo; no es vértigo neurológico, sino la sensación de que se está dando un salto a una etapa desconocida, como quien inicia un viaje con sus riesgos y temores, con excitación.

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Más tarde, en los siguientes meses, verá cómo pierde peso y su imagen corporal cambia a un ritmo al que hay que ajustarse, ya que, si es muy rápido, pueden tener la sensación de angustia, temor y descontrol. Sin embargo, si el descenso de peso es gradual y la persona se adapta a su nueva forma, el sentimiento será de satisfacción consigo misma. Quizás aparezca algún auto-reproche por no haberlo hecho antes, pero, si no tiene tendencia a juzgarse mal, eso se irá atenuando y de igual manera que se condena, también se indultará.

Llegará un momento en que tendrá que aceptar su “nuevo traje”, con todas sus “costuras”, y eso lleva su tiempo, ya que la imagen corporal es una de las bases de nuestra identidad y nos afecta tanto a nivel individual como en la pareja, familia y resto del entorno social. Un ejemplo: que te pregunte un familiar ¿quién eres? porque hace un año que no te ve y no te reconoce puede ser desde cómico hasta trágico, según la escena y los actores.

Según recuerda Basanta, tras la operación, una vez dados de alta, físicamente hay pocos cambios, pero nuestra alimentación ha de cambiar completamente. Durante muchas semanas tenemos que seguir rigurosamente las indicaciones médicas, y al principio comer solo a base de líquidos, en poca cantidad y varias veces al día. Si nos fue difícil seguir antes las indicaciones, también lo será tras la operación, por eso cuanto antes empecemos mejor, porque cambiar hábitos es algo muy complicado.

“Los sentimientos que suelen aparecer se relacionan con el miedo a que el proceso no tenga los resultados esperados; la impaciencia por la lentitud en que se va dando; la frustración porque las cosas no son como habíamos imaginado; y creer que podemos hacer muchas excepciones en la alimentación y que eso no va a tener consecuencias, pero la verdad es que las tiene”, enumera la psicóloga clínica. Es importante tener cuidado con las autoengaños.

¿Hay trastornos mentales derivados del cambio de peso y aspecto?

Basanta comenta que hay problemas emocionales que aparecen o empeoran tras un cambio muy drástico de imagen. “Desde psicopatología más esperable, como síntomas de ansiedad y depresión, pero también problemas más graves y preocupantes que exigen más cuidado y estudio por nuestra parte. De hecho, se está empezando a ver un aumento importante de autolesiones y de intentos de suicidio en personas que han sido operadas. Eso hace que la preparación para el cambio sea clave en la buena evolución, y los expertos en ello somos los psicólogos clínicos. Para eso también es muy importante que aumente el número de profesionales que trabajamos en este ámbito y que tengamos tiempo para dedicárselo a los pacientes”.

Por una parte, dice Alcántara, “está el cuidado que ha de mantener tanto el psiquiatra como otros especialistas con el ajuste de medicación que previamente estuviera tomando el paciente, ya que se alteran los espacios donde se capta en primera instancia la medicación y muchas medicaciones son peso-dependientes. Un deficiente control posquirúrgico puede conllevar alteraciones desde un punto de vista químico-farmacológico y, consecuentemente, descompensar al paciente”.

Por otra parte, a nivel psicológico, y esta vez ligado al cambio, encontraremos los trastornos que denominamos “adaptativos”, puesto que la nueva situación no coincide en algún parámetro con la deseada. Precisamente por ello, recalca Alcántara, “hay que trabajar tanto la información como las expectativas antes de la cirugía, ya que la patología de adaptación, sea ansiosa, depresiva o bien conductual, vendrá de la mano de la frustración, que es la diferencia que existe entre lo anticipado y la realidad. Operarse no es como hacerse un tatuaje, sino que afecta a toda la persona. Si para un tatuaje hay que pensárselo dos veces, aún más para una intervención que le alterará algo más que la imagen y que, además, no podrá ocultar”.

Por último, el profesor de la Universidad de Lleida señala que el cambio muchas veces les hace más fuertes y otras, más vulnerables, todo depende de si la obesidad tenía alguna utilidad en su vida, de si era una “obesidad funcional”.

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