Christine Blasey Ford, en la única imagen conocida hasta ahora de ella, tomada de una red profesional. ZUMAPRESS

Una mujer de 51 años tiene este jueves sobre sus hombros el peso de una Presidencia. Christine Blasey Ford era una anónima profesora de universidad hace solo diez días. Hoy, su nombre ya forma parte de la historia de Estados Unidos. Es la primera mujer que acusó al juez Brett Kavanaugh de agredirla sexualmente en una fiesta completamente borracho. Ella tenía 15 años y él, 17. Este jueves, esa historia será juzgada por el Comité de Justicia del Senado en el que una mayoría republicana quiere confirmar como sea a Kavanaugh, un conservador fiable, para el Tribunal Supremo de Estados Unidos. La confirmación de Kavanaugh tiene que hacerse antes de las elecciones del 6 de noviembre, de las que puede depender la mayoría en el Congreso. De esa mayoría puede depender la Presidencia de Donald Trump.

Blasey asegura que aquello “alteró drásticamente” su vida. Solo se contó a unas pocas personas a lo largo de los años. Sus amigos de entonces no recuerdan que lo comentara. No pronunció el nombre de Kavanaugh hasta que lo contó en una terapia de pareja con su marido en 2012. Multitud de amigos de Kavanaugh de entonces lo califican como incapaz de hacer algo así.

Después del instituto, Blasey cursó una carrera de Psicología Experimental en la Universidad de Carolina del Norte, en el campus de Chapel Hill. Después, se mudó a California, donde obtuvo un máster en Psicología Clínica en la Universidad de Pepperdine, un centro religioso de Malibu. Allí se aficionó al surf. En 1996, obtuvo un doctorado en Psicología Educativa por la Universidad del Sur de California, un centro privado de Los Ángeles. En 2009, hizo otro máster en Epidemiología en la Universidad de Stanford.

En 2002, conoció a su actual marido, Russell Ford, de quien toma su segundo apellido. Tienen dos hijos y viven en Palo Alto, en el corazón de Silicon Valley. Ella es profesora de psicología y estadística en la Universidad de Palo Alto e investigadora asociada en Stanford. Su nombre aparece en decenas de publicaciones especializadas. Su especialidad es el análisis estadístico en estudios de medicina y psicología.

Desde que su nombre se hizo público, ha recibido amenazas de muerte y la familia se ha tenido que mudar. Los reporteros han llamado a su puerta, le han dejado mensajes y han entrevistado a todo aquel que haya tenido algún contacto con ella desde el instituto hasta la actualidad. Su vida ya no es suya, es un arma política de primer orden para una batalla en la que hay mucho en juego. Todos sus amigos y conocidos entrevistados en los medios norteamericanos la describen como una persona seria, metódica y centrada, que jamás se inventaría algo así. Blasey ha decidido contar su historia tras meditarlo mucho y con gran sacrificio personal, aseguran. Un amigo suyo entrevistado por The Wall Street Journal asegura que tiene un aparente trauma. Ella le contó que necesita tener más de una salida en el dormitorio porque si no se siente atrapada.

De sus preferencias políticas se sabe que es demócrata, algo no muy sorprendente para un profesor universitario del norte de California. Está registrada como votante por ese partido, según Journal. En 2017, hizo tres donaciones por un total de 42 dólares a un grupo que apoya a candidatos demócratas.

Estados Unidos ya sabe casi todo sobre la vida de Christine Blasey Ford. Este jueves, a las 10 de la mañana de Washington, le verá la cara. Todo será estudiado al detalle. Su mirada, su postura, el tono de su voz, la seguridad en las respuestas, si se cansa, si duda, si hace gestos raros. Casi cuatro décadas después de aquel año en el instituto, Blasey Ford está ante el juicio más duro de su vida, en directo y en streaming para el mundo entero.

 

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